Capítulo 24 Max En el momento en el que Ginebra me beso agarrándome totalmente desprevenido, el enojo que sentía por su broma del café desapareció en un abrir y cerrar de ojos. En ese corto lazo de tiempo donde la temperatura subió más de lo debido, ella era solo mía y se dejó acariciar por mí hasta él los lugares más prohibidos. Mientras probaba su boca por completo de manera desesperada, ese beso no se comparaba a ninguno de los que ya nos habíamos dado anteriormente. Este era como sentirse en el mismo paraíso, del cual no quieres salir, aunque el mundo se esté acabando y la cuenta regresiva casi te deja sin tiempo. Mientras la seguía besando con pasión y deseo, yo estaba recorriendo un mundo totalmente desconocido para mí. Era como si solamente existiéramos ella y yo en ese mundo,

