PALERMO, ITALIA Creo que lo quiero. Leonard tenía muchas posibilidades en mente, pero ninguna era ver a su hija sintiendo los primeros estragos del amor y menos con un hombre así. Quería cortarle la cabeza, para ver si de esa forma se estabilizaba y sacaba de su mente de una buena vez ese sentir, pero no era egoista y tenía muchas vivencias familiares que lo hacían recordar que el indómito corazón, no conocía de reglas. Que su hija se lo contara le hizo sentir complacido. Seguía siendo esa niña que le pedía que se acuclillara para que pudiera contarle sus secretos. —Entonces, definitivamente estás loca. —¡Papá! —Estoy diciendo lo que pienso—dijo él, al notar que su hija estaba sintiéndose ofendida pero al verlo sonreír, se dió cuenta de que estaba jugando. Sus sentimientos querían

