KEMEROVO, RUSIA. La puerta sonó por decima ocasión durante la mañana. Alessandra tenía exactamente las mismas ganas que el dia anterior, solo que estaba vez estaba muy irritada como para responder de manera amable. La chica que venía a ofrecerle un poco de comida, debía que entender que cuando ella decía no más de ochenta veces, era suficiente para que dejara de ir a preguntar lo mismo. Decidió no responder antes de ser grosera. Cerró sus ojos de nuevo, pero mientras lo hacía vió que el reloj marcaba aun las cinco y treinta de la mañana. Era demasiado temprano para el desayuno. Al no encontrar respuesta, la persona que tocaba la puerta se marchó no sin antes dar el cuarto toque. Ese gesto fue demasiado Yeva pues la chica tenía un toque elegante y nada grotesco, que distinguia el to

