EL MINISTRO

1662 Palabras

KEMEROVO, RUSIA. Alessandra se retorcía mientras Valery le acariciaba. La noche se hacía corta ante las caricias de ese hombre que parecía haber encontrado su punto débil y le hacía gozar con ello. Cómo si se quedará sin aire, recuperó el aliento y se estremeció cuando sus dedos la visitaron. La acarició por dentro, mientras ella ponía a su disposición los pechos para que los chupara aumentando su placer. El teléfono comenzó a sonar y al escuchar el cajón vibrar, la italiana se dio cuenta que era el teléfono con el que llamaba a sus padres. Su teléfono. —Valery, el teléfono está sonando. —¿Y?—preguntó con uno de los pechos de su esposa entre su boca, mientras lo rodeaba con su lengua. La mujer río con excitación cuando esa corriente tan deliciosa se hizo de ella. Iba a responder el

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