CAPÍTULO 38.

2314 Palabras

El sol del amanecer se filtra a través de las ventanas, tiñendo las paredes con un resplandor dorado. Me estiro sobre la cama, sintiendo la suavidad de las sábanas y el calor familiar de Constantine a mi lado. Era un momento que, hasta hace poco, me había parecido imposible. Después de semanas de tensiones, discusiones y silencios dolorosos, ambos habíamos tomado la decisión de intentarlo de nuevo. Habían pasado por tormentas que casi los destruyeron. Pero ahora, juntos, intentaban poder reconstruirlo, un ladrillo a la vez. A mi lado. Con abre los ojos, su mirada, aún somnolienta, se suaviza al verme despierta. —Buenos días, —murmura, su voz grave por el sueño. Una sonrisa débil tira de mis labios. Una sonrisa que aún lleva el peso de los meses difíciles, pero que también muestra esperan

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