—Evelyn, pídeme un café. Me muerdo la lengua ante el pedido de Mark. Es el tercer café que me pide el hombre durante la primera mañana en mi puesto. —Disculpa, Mark. Pero, ¿no sirve tu teléfono? —inquiero intentando parecer inocente, pero obviamente dejando clara mi postura. Arquea la ceja y es obvio que no les gusta mi respuesta. —Verás, Evelyn. Aquí todos podemos hacernos favores, ¿tienes algún problema? —Claro que no —replico poniendo mi mejor sonrisa al tiempo que siento como los ojos están sobre mí. Me acerco a mi escritorio y llamo a la cafetería donde me dicen que lo traerán en unos veinte minutos. Cuando le soy la razón a Mark este farfulla. —Podrías ir por él. Abro ligeramente los ojos. —¿Disculpa? —Sí, solo por esta vez. Junta las manos pidiendo y hace un falso gesto

