Capítulo 4 : El Rumor

1635 Palabras
Este pueblo no es bueno recibiendo gente nueva. La mide. La observa. Y decide qué hacer con ella. Por eso supe que algo había cambiado incluso antes de verla. La Vieja Estación estaba igual que siempre: olor a café fuerte, madera vieja, conversaciones en voz baja que nunca llegaban a ser risas completas. Yo estaba en la mesa del fondo, la de siempre, con Ethan frente a mí y Noah distraído con el celular. Logan hablaba demasiado. Siempre hablaba demasiado. Entonces la puerta se abrió. Y el pueblo contuvo la respiración. No fue un gesto exagerado, no fue una entrada teatral. Fue algo más sutil. Un quiebre casi imperceptible en la rutina. El murmullo bajó medio tono. Las miradas se desviaron al mismo punto. Ella. Cabello rojo cayendo libre, chaqueta de cuero negra, botas firmes sobre el suelo. No caminaba como quien llega pidiendo permiso. Caminaba como quien entra a un lugar sabiendo que será observado... y aceptándolo. No sonrió. No se encogió. No fingió. Eso fue lo primero que me alertó. —¿Quién es? —murmuró preguntaron. —La nueva —respondió alguien cerca—. La familia Hunter. Hunter. El apellido se deslizó por la cafetería como una ficha mal colocada sobre el tablero. La observé sin disimulo. No porque fuera bonita aunque lo era, sino porque había algo en su forma de moverse que no encajaba con este lugar. Redwood Falls aplasta a la gente. La vuelve pequeña, cautelosa. Ella no parecía dispuesta a achicarse. Pidió un café. Americano. Dos de azúcar. Para llevar. Detalle inútil. Y aun así lo recordé. Cuando giró el rostro, nuestros ojos se cruzaron. No fue un choque. Fue un reconocimiento. No apartó la mirada. Tampoco yo. Sentí esa vieja presión en el pecho. La misma que aparece cuando algo nuevo amenaza con alterar el orden que uno ha aprendido a controlar. —Problemas —murmuré. Ethan me miró de reojo. —Siempre dices eso. —Y casi siempre tengo razón. Antes de salir, Eva la chica que atiende, le preguntó algo. Hunter. Negocios. El pueblo haciendo lo que mejor sabe hacer: meterse donde no lo llaman. Ella respondió con calma. —Los Hunter hemos llegado para quedarnos. No hubo arrogancia. Solo certeza. Cuando se fue, el murmullo regresó. A la mañana siguiente, supe que estaría en la preparatoria. Todos lo sabían. Redwood Falls no guarda secretos, los recicla. La vi cruzar la entrada principal como si el edificio gris no le impusiera nada. El sol le encendía el cabello y por un segundo pensé que ese color no pertenecía a este lugar. Demasiado vivo. Demasiado honesto. Me apoyé contra las taquillas, brazos cruzados. Desde ahí lo veía todo. No caminaba como turista. Tampoco como presa. Observaba. Eso fue lo que me hizo quedarme quieto. Cuando nuestros ojos se encontraron de nuevo, no hubo sorpresa. Fue breve, limpio, directo. Reconocimiento otra vez. No bajó la mirada. Yo tampoco. —La nueva no parece frágil —comentó Noah. —No lo es —respondí sin pensar. Ethan arqueó una ceja. —¿Ya la analizaste? —Lo suficiente. La vi integrarse rápido. Una chica del pueblo se le acercó. Mila Carter. Inteligente. Observadora. Buena aliada. También vi a Vera tensarse desde su mesa. Y a Logan sonreír. Eso sí me molestó. No porque me importara ella. Sino porque conocía a Logan. En Literatura, el aula parecía demasiado pequeña para contenerla. Se sentó con seguridad. Escuchó. Tomó notas. No actuó como si supiera más que nadie... pero tampoco como si debiera probar algo. Cuando el profesor le pidió leer, su voz llenó el espacio sin esfuerzo. Firme. Clara. No tembló. Algunos chicos la miraron distinto después de eso. Yo también. No sonreí. Pero entendí. Logan la interceptó al salir. Lo vi todo. La forma en que bloqueó su paso. El tono condescendiente. La sonrisa ladeada. Ella no retrocedió. Nunca retrocedió. Cuando pasó junto a él, supe que había cometido un error. Logan no tolera perder. Y ella no tolera inclinar la cabeza. Mala combinación La tarde cayó pesada, como siempre en este pueblo. Las calles comenzaron a vaciarse. Las persianas a cerrarse. La vi alejarse caminando. Sola. Eso fue lo que me hizo moverme. No la seguí. Coincidimos. —No es buena idea caminar sola de noche —dije, manteniendo la distancia. No se giró de inmediato. —Tampoco seguir a alguien sin avisar. Sonreí apenas. Me coloqué a su lado, manteniendo la distancia justa. —El pueblo habla —dije—. Y no siempre dice cosas buenas. —¿Y tú escuchas? —Cuando me conviene. Respondí. —¿Qué soy para ellos? —preguntó curiosa. —Algo nuevo, y eso incomoda. —¿A ti también? Negué lentamente. —No. A mí me despierta la curiosidad. Se detuvo a orillas del bosque. El silencio nos rodeaba. —Logan no sabe perder —añadí—. Y Vera no sabe compartir protagonismo. —¿Y tú? —preguntó mirándome fijamente —. ¿Qué no sabes hacer? —Ignorar las cosas prohibidas y peligrosas. Sus ojos se cruzaron con los míos aumentado mi curiosidad por saber más de ella. —Ten cuidado, Blake Hunter —Susurre —. Redwood Falls no destruye de golpe. Desgasta. —Entonces será interesante ver quién cede primero. Se fue sin mirar atrás. Yo me quedé quieto. Porque lo supe en ese instante: Blake Hunter no era una visitante. Era un incendio. Y el pueblo ya había empezado a arder. *** En Redwood Falls, los rumores no nacen. Se filtran. Comienzan como una frase mal escuchada, una mirada sostenida un segundo de más, una coincidencia que el pueblo decide no creer inocente. Aquí nadie pregunta directamente. Aquí se observa, se compara y se concluye. El rumor empezó la mañana siguiente. No con gritos ni confrontaciones. Con susurros. —Dicen que la nueva volvió sola anoche. —La vieron caminando por la carretera del bosque. —¿Sola? —No exactamente. Yo escuché la última parte sin querer hacerlo. Estaba apoyado contra mi casillero, revisando mensajes que no me importaban, cuando sentí ese cambio en el aire. El mismo del día anterior en la cafetería. El mismo silencio breve antes de que algo se rompa. —¿A qué te refieres con no exactamente? —preguntó alguien. —Que no estaba sola —respondió otra voz—. Dicen que iba con Jax Cole. No levanté la cabeza. No hizo falta. El silencio que siguió fue más elocuente que cualquier reacción exagerada. —¿Jax? —Eso dicen. —No jodas. —Lo juraría. Mi tía vive cerca del bosque. Vio dos sombras. Dos sombras. En este pueblo, eso era suficiente para escribir una historia completa. Cerré el casillero con calma. Demasiada calma. No porque no me importara. Sino porque sabía exactamente cómo funcionaba Redwood Falls. ⸻ Blake Hunter llegó a la preparatoria como el día anterior: vestida de n***o, paso firme, mirada alerta. Pero algo había cambiado. No en ella. En el pueblo. Las miradas ya no eran solo curiosas. Eran evaluadoras. Algunas francamente hostiles. Otras demasiado interesadas. Vera Holloway la observaba desde su mesa con una sonrisa tensa, como quien cree haber encontrado finalmente una grieta. Logan Reed estaba de mejor humor que de costumbre. Eso me preocupó. —La noche fue movida, ¿eh? —murmuró Ethan a mi lado. —No empieces —respondí. —No soy yo —se defendió—. Es el pueblo. Exacto. El pueblo. Blake pasó junto a nosotros sin detenerse. No miró a Logan. No miró a Vera. No me miró a mí. Y aun así, todos la miraron. Mila Carter caminaba a su lado, rígida, claramente consciente de la tensión. —Algo pasó —dijo Noah en voz baja. —No —corregí—. Algo se dijo. ⸻ En la cafetería del instituto, los grupos se cerraron como círculos mal disimulados. Blake se sentó con sus amigas. Harper hablaba demasiado. Sienna escuchaba más que nunca. —¿Escuchaste lo que dicen? —preguntó alguien en la mesa de atrás. —Claro que escuché. —¿Y? —Si es verdad, es una locura. —O una provocación. Vera se levantó. Nunca hace nada sin público. Caminó despacio hasta la mesa de Blake. —No sabía que te gustaban los paseos nocturnos —dijo, con falsa cordialidad—. Menos aún las malas compañías. El ruido bajó de golpe. Blake alzó la vista, tranquila. —No sabía que te debía explicaciones. Algunas risas nerviosas se filtraron. —Aquí nos cuidamos entre todos —continuó Vera—. Es peligroso andar sola. —No estaba sola —respondió Blake. La frase cayó como una chispa. Vera sonrió. —Ah, entonces es cierto. Ahí fue cuando intervení. —Vera —dije, sin alzar la voz. Todos se giraron. —¿Desde cuándo repites chismes como si fueran hechos? Su sonrisa se tensó. —Solo me preocupo por el bienestar del pueblo. —Entonces preocúpate por no mentir. Logan se levantó de golpe. —Tranquilo, Cole —dijo—. Nadie te está acusando de nada. —No necesito que me defiendas —respondí. Blake me miró por primera vez ese día. No agradecida. Consciente. ⸻ El rumor ya había hecho lo suyo. Para el mediodía, Redwood Falls había decidido su versión: La nueva no solo era peligrosa. Era una provocación. Una chica que caminaba sola de noche. Una chica que hablaba con Jax Cole. Una chica que no entendía las reglas. —Esto no va a parar —dijo Mila cuando Blake regresó a su asiento. —Que no pare —respondió ella—. No pienso esconderme. Ahí supe que el pueblo había cometido un error. Redwood solo sabe lidiar con gente que se quiebra. Blake Hunter no era una de ellas…
Lectura gratis para nuevos usuarios
Escanee para descargar la aplicación
Facebookexpand_more
  • author-avatar
    Autor
  • chap_listÍndice
  • likeAÑADIR