Dante trazaba líneas de una nueva historia en la piel de Isabela, la continuación del amor que seguía creciendo. Con cada beso describía las aventuras, los nuevos desafíos, incluso los nuevos dolores de cabeza, que aún estaban por vivir juntos como la nueva familia. Tal vez su historia estaba manchada de sangre, de dolores y penas, pero al mismo tiempo florecía la esperanza, la paz y sobre todo el cambio. Los sueños que construirían se coloreaban con cada mirada, se trazaban con cada deseo. Sus labios eran como plumas, dibujando promesas en su piel, mientras sus manos exploraban cada rincón de su ser, viajando por cada curva erizándole la piel. En cada toque, Dante le susurraba sus secretos más profundos, le confesaba sus miedos más oscuros, aquellos que nunca había compartido con nadie

