Días después, por fin los ojos de Dante se abrieron, las luces que entraban por las ventanas provocaban que los cerrara y los abriera varias veces, impidiendo ver a su alrededor. No se encontraba en el hospital, sin embargo, el olor a desinfectante aún lo sentía en el aire, pero esto era por la limpieza que se hacía dos veces al día. El dolor en la espalda era soportable así que se puso de pie, se sostenía de las paredes ya que se sentía un poco mareado y confundido. —¡Dante! — Roberto al verlo caminar por los pasillos se sorprendió. Corrió hasta donde se encontraba su amigo y lo ayudo. Aquel hombre invencible se encontraba postrado en una cama, su amigo que parecía ser a prueba de bala tenía las cicatrices de dos de ella que casi le quitan la vida. Ya no se miraba tan aterrador, ni

