El padre de Isabela dejo caer el arma por los pies de Dante, bufo ante su familia y descanso sus brazos sobre sus piernas, mientras limpiaba su rostro, no solo del sudor también de las pequeñas lagrimas que lo traicionaron. —Está vacía idiota, no pienso mancharme las manos de tu sucia sangre. —Se puso de pie y miro a sus hijos. —Parece que no me conocen bien, ¡que decepción! —¡Creo que ensucie mis pantalones! — Hablo Thomas dejando salir todo el aire de sus pulmones, miro hacia el techo para volver a respirar, ya que sus músculos estaban tensos y su corazón bombeaba con más fuerza, cerro los ojos queriendo pensar en cosas buenas y calmarse. —¡Dios, papá, pero que susto nos has dado! — Hablo esta vez Diego caminando de un lado a otro. Al igual que Thomas y que los demás su corazón palpita

