Isabela no podía dar crédito a lo que sus ojos veían ni a lo que sus oídos escuchaban. Dante, el hombre con quien compartía la dicha de haber tenido un hijo y con quien apenas empezaba a construir una vida juntos, estaba ahora, frente a ella, arrodillado, pidiéndole matrimonio. El mundo pareció detenerse en ese instante, y su corazón latía con fuerza desbordante. Las lágrimas comenzaron a brotar de sus ojos, no de tristeza, sino de una alegría tan profunda que apenas podía contener. Sin embargo, Isabela aún se encontraba molesta por la broma de muy mal gusto por parte de sus hermanos y de Dante. ¿Cómo era posible que creyeran que llamándola y diciéndole que Dante estaba herido era la forma correcta de hacer una propuesta de matrimonio? Aunque el momento ahora era romántico y lleno de emoc
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