A la mañana siguiente, Adrián y Ángeles se presentaron en el hospital, las manos de la antes nombrada estaban heladas. El miedo de obtener una respuesta negativa por segunda vez la embargaba. —Ángeles, después de revisar los exámenes puedo asegurarte que con un transplante de córneas tu podrás recuperar la vista. Su corazón se exaltó. Gruesas lágrimas cayeron por sus ojos, eran lágrimas de alegría, de felicidad, tenía una esperanza de conocer el mundo que la rodeaba. —Ya vez amor, ya vez que se equivocaron —Creo que no se equivocó, tal vez mi madre nunca me llevó a un oftalmólogo real, y solo me mintió para seguir recibiendo la pensión de mi verdadera madre. Porque nunca pasé por los chequeos que me hicieron ahora. Adrián la abrazó y la llevó a su pecho, suspiró profundo al pensar en

