Capítulo treinta y tres: Muerta Selina Vera La sangre fluye a mi alrededor como si se tratara de la primera llovizna de primavera. Los guardianes emprenden una batalla campal contra el ejército que sale por montones de no sé dónde. Gotas de líquido carmesí me salpican el rostro, pero en cuento veo el arma alzada en mi dirección, disparo sin pensar. He matado a alguien… sin embargo, la situación no me permite procesarlo. Disparo a quemarropa, siempre manteniendo cerca a la castaña embarazada que no puede defenderse por sí misma. —¡Tienes que soltarme! —escucho su voz desgarrada entre el gentío. —No voy a… —¡Vienen por mí! —me corta—. No van a hacerme daño, pero a ti sí como te mantengas pegada a mí. Su reflexión tiene lógica. No obstante, dudo que alguno de sus amigos pueda reconoc

