Capitulo 4

1689 Palabras
En vista de que Paolo se encontraba viviendo en Madrid, sus abogados siguieron con el trámite del divorcio, proceso que todavía me afectaba que hubiera tenido que pasar, ya que aunque había finalizado nuestra relación el siempre será mi único amor, el cual ahora debo afrontar que no será así para poder seguir adelante. Sabía que a mi pequeña Isa le estaba tocando fuerte estar sin él, pero a pesar de su corta edad no me lo demostraba, al contrario siempre refería que estaría conmigo como mi fiel acompañante, sin embargo, en ocasiones me preguntaba, porque su padre se fue a otro país, porqué lo que teníamos ya no era igual. Todas esas interrogantes de su parte me inquietaban, no obstante, trataba de responderlas de un modo que no tuviera un efecto negativo para ella, ni pensara ideas erróneas al respecto. Por tal motivo, solía llevarla a dar un paseo, en ello comenzaba a platicarle de una forma que entendiera, tal cual como lo hacia esa tarde tras haberla recogido de la escuela. —Mamá ¿Crees que por mi causa se habrá ido papá? ¿O quizás seria porque siempre quería estar con él? —No Isa, no es tu culpa y no digas eso, papá se fue a su país por trabajo y aunque ya no estemos juntos como antes él te sigue queriendo y mucho ¿Cada noche que te llama no te lo dice?—hacia dicha mención debido a que desde que su padre se fue el la suele llamar cada noche, charlando cierto tiempo para evitar que ella lo extrañe. —Sí, me lo dice mami, pero aun no comprendo ¿porque irse?¿porque dejarte? ¿ya no te amaba? —A veces… en la vida son complicadas algunas situaciones que pasan Isa, cundo seas adulta lo comprenderás hija. —Entonces esperare ser adulta para comprenderlo. ¿Hoy tampoco trajiste el auto? ¿Fue porque se averió?—inquiría al respecto en vista de que nuevamente estábamos en la parada de autobuses —No Isa el auto está bien y perdóname, sé que no estas acostumbrada así como yo a ir en autobús a casa, pero es que no tengo suficiente dinero para el combustible que necesita nuestro auto. Mi situación económica estaba tan crítica que solo tenía dinero disponible para comprar algunos alimentos, por ello había decidido no pagar el combustible que necesitaba el vehículo. Habían pasado dos meses desde que mi ex esposo se fue de mi vida y solo estaba dependiendo de lo que él me enviaba para las necesidades de mi hija, además de lo que me pagaba la editorial que no era lo necesario para cubrir la demanda, ya que al no enviar escritos como me lo habían indicado estaba perdiendo beneficios, preocupándome el hecho de que anularan mi contrato o que este se terminara pese a que aún no he podido enviar ninguna historia, dejándome ver como una irresponsable en mi oficio. Por esa razón me sentía muy agobiada y atormentada, aunque pasaba algunas horas tratando de escribir cualquier párrafo que pudiera convertir en una historia, nada venía a mí, incluso ahora que salía a caminar con frecuencia parecía que tampoco lograba el efecto que esperaba. Tenía presente que no podía seguir así, la despensa cada vez tenía menos alimentos y no podía permitir que mi hija pasara hambre, por ello ese día había decido ir hasta el domicilio de mi amiga Hilary, quería consultarle si aún estaba vacante mi puesto de maestra que había dejado en la escuela donde laboraba. No era lo que quería hacer, pero debía seguir, así fuera haciendo algo que no me llenara ni me hiciera feliz. Esa tarde tomamos un autobús que por mi falta de conocimiento por no haberlos tomado anteriormente, ni siquiera en mi etapa de estudiante, había provocado que al bajarnos tuviéramos que caminar un largo trecho, la razón tal parecía que era porque el transporte no pasaba cerca de la casa de mi amiga, por esto para evitar que mi pequeña se agotara con la caminata, decidí llevarla en brazos, generando que con esto llegara exhausta hasta dicho lugar. Estando en el pórtico toque el timbre mientras bajaba a Isa de mis brazos, al instante aparecía mi amiga tras haber abierto la puerta. Ella lucia tan hermosa como siempre, destacando su galanura inglesa, esa que posee a través de su piel blanca, sus ojos azules vivaces y ese cabello rojizo que siempre trae suelto. —¡Ciao Tracy! (hola en italiano) y para ti también Isa — ¡Ciao Hilary! —¿Podemos entrar o estas ocupada mi amiga? —Para nada, son bienvenidas como siempre, adelante—nos señalaba para que nos adentráramos en su linda casa. —Mi bella Isa, atrás se encuentra alguien que sé que le agradara jugar contigo. —¿De veras Hilary? ¿Timothee esta aquí? —Mejor ve a verlo por ti misma y así lo saludas, sé que le agradara verte. Mi hija al saberlo me miro esperando mi consentimiento, el cual di asintiendo con la cabeza, ella al saber mi aprobación se alejó con una sonrisa en los labios, corriendo a toda prisa para encontrarse con su amigo. Timothee era el sobrino de Hilary, un niño de la misma edad que mi hija. Cada vez que viene es su único compañero de juegos. —Gracias Hilary, él es el único amigo que tiene. —Sí y eso me extraña, Isadora es una niña muy dulce y encantadora. —Quizás todo esto que está viviendo conmigo le está afectando. —No Tracy, no lo veas así, quizás es muy tímida con el resto de los niños, eso suele suceder. —Pero con tu sobrino se lleva muy bien. —Sí, pero sabes cómo es Timothee, además, ambos son parecidos. —Quizás tienes razón. —Déjame traer té y galletas para ambas, aunque veo que vienes agotada ¿también quieres agua? —Si por favor trae un poco. —De acuerdo, en unos minutos vuelvo con el té y así charlamos. A los minutos volvió con el agua, unas galletas de jengibre deliciosas que suele preparar y su infaltable te, ese que trae desde su país cada vez que lo visita. —Hilary, voy a volver a al trabajo de maestra, vine a preguntarte sobre eso, ¿aún está vacante?—inquirí para seguido de ello tomar el agua que había traído para mí. Ella dejo de beber su te para responderme, situándolo en la mesita que tiene en esa encantadora sala de estar en la que nos encontrábamos. —Si Tracy, anteriormente habían contratado a una maestra, pero ella no duro mucho, por ese motivo el puesto volvió a estar vacante. Preciso hoy la directora me había preguntado por ti, pensaba llamarte más tarde para comentártelo, pero ¿estas segura de volver? —Sí, no tengo de otra, la escritura por los momentos no me puede salvar de no hacerlo. —¿Aún sigue el bloqueo? —Sí, han pasado dos meses y todavía continua, diariamente insisto en escribir sobre cualquier cosa, pero nada sale. —Tracy, debes de tomarlo con calma, esto por lo que estás atravesando no es fácil, te estas ocupando de Isa, de las cuentas y lo del divorcio. —Sobre todo el divorcio me ha estado afectando, aunque sé que no debo seguir sintiendo esto que todavía vive en mí por él, no puedo, a Paolo todavía lo amo. —Es entendible, estuviste casada con el algunos años y fue un buen esposo. —Sí, pero todo termino y quizás es como él dice, fui la culpable de la ruptura entre ambos. —Tracy, sé que no estoy casada ni tengo conocimiento al respecto, pero estoy segura que no fue tu culpa, ambos trabajos, el de él y el tuyo eran muy absorbentes, quizás eso o la falta de compartir entre ustedes apago el amor. Lo digo porque veo a mi hermana, ella está casada con un italiano y cada vez que pueden como hoy, deja a su hijo conmigo y salen como antes lo hacían. —¿Crees que eso nos faltó, el compartir como antes? —No lo sé con exactitud, no tengo idea que pasaría por la mente de Paolo para que tomara la decisión de divorciarse, pero pudo haber sido ese el motivo. —Entiendo y puede que tengas razón también con eso—mencione y bebí mi te para también probar las galletas que había servido para mi. —Reservare unas para Isa, así cuando llegue a casa tendrá galletas para comer. —Gracias Hilary y esperare a que lo hagas para marcharme, debo pasar por la casa de mis padres y no quiero hacerlo muy tarde. —¿Y tú auto? vi que no lo trajiste. —Estoy sin combustible y te podrás imaginar que ahora andamos en transporte público para trasladarnos de un lugar a otro. —Déjame ayudarte con eso Tracy. —No mi amiga, descuida, lo resolveré. —Está bien, iré por las galletas para Isa. Luego de entregármelas fui por mi hija, quien se tuvo que despedir un poco triste de su amigo, ese con el que veía que compartía un fuerte vínculo. Él también se despidió de ella y le menciono que no estuviera triste, que pronto se verían de nuevo. Ella le sonrío y nos despedimos de mi amiga Hilary, la cual nos mencionó que nos acompañaría junto con su sobrino hasta la parada de autobuses. Habiendo abordado el vehículo que ahora estábamos usando como medio para transportarnos nos seguíamos despidiendo a la distancia de ellos. Sabía que ir a casa de mis padres no sería nada fácil, ya que cada vez que iba era una crítica constante en cada cosa que hago, pero debía hacerlo para pedirles nuevamente que necesitaba contar con su apoyo, ese que se trataba de que ellos recogieran a Isa por mí al salir de la escuela cuando yo no pudiera hacerlo, dado que esa tarea la tenía con mi ex esposo, pero en vista de que ya no estaba debía ingeniármelas de otra manera.
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