Ainoha Williams Las campanadas de medianoche anunciaron el final de mi vida como la conocía la hora habia llegado. Maximiliano tomó mi mano con una firmeza que no permitía dudas Autum se agarró a la otra. El pasillo era corto pero para mí se extendía hasta el infinito la capilla era pequeña, oscura, iluminada por la luz fría de las velas, y llena de siluetas inmóviles cada persona allí era un juez, no un invitado, mientras caminaba junto a mi hijo, escudriñé a la audiencia, mis ojos registraron el peligro y la hostilidad. Allí estaban los cinco directores del Consejo, vestidos de n***o, sus rostros impasibles, observando la escena con la concentración de quien revisa la firma de un contrato multimillonario. Vi a mi futuro suegro Andrés Sokolov, el viudo, estaba sentado junto a s

