Ainoha El despertar no fue silencioso fue el sonido de la maquinaria de guerra. Maximiliano ya estaba levantado cuando abrí los ojos vistiéndose con un traje de luto que parecía una armadura, el recuerdo de la noche anterior, el abrazo con Autum y la confesión en la oscuridad, flotaba entre nosotros como un sueño dulce que la realidad amenazaba con disolver. Me levanté y me senté en la cama, observándolo. —Hoy es el funeral de Dmitri —dijo sin rodeos, abrochándose las mancuernas, sus movimientos eran precisos y fríos. —Lo sé ¿Tengo que ir Me miró. Sus ojos grises eran duros, enfocados. —No es una opción, es una obligación y una declaración, la esposa del jefe de la mafia asiste para mostrar respeto por el difunto y fuerza a los vivos, Irina estará allí esperando vernos débi

