Capitulo 69

1246 Palabras

Maximiliano El trayecto de regreso desde el hotel fue un ejercicio de contención absoluta. En la parte trasera del blindado, el silencio era denso, cargado de una electricidad que amenazaba con hacer estallar los cristales. La luz de las farolas de la ciudad entraba rítmicamente, iluminando por milisegundos el rostro de Ainoha. Se veía letal. Las esmeraldas en su cuello brillaban con una intensidad fría, pero sus ojos estaban encendidos por una adrenalina que solo yo sabía cómo apagar. ​Habíamos ganado la noche. Habíamos aplastado las dudas de los socios y reafirmado nuestro dominio, pero lo único que me importaba en ese momento era que el coche cruzara de una vez las puertas de hierro de la mansión. ​ ​En cuanto el motor se detuvo y Borís abrió la puerta, no esperé a que nadie nos

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