Capitulo 52

921 Palabras

Ainoha ​El sol de la tarde se reflejaba en el agua de la piscina, dibujando líneas de luz que se movían perezosamente sobre las paredes de la mansión. El mundo exterior, la amenaza de Irina y la guerra de Maximiliano, se sentía distante, amortiguado por el grueso cristal de la protección. ​Mi alma flotaba en un estado de tranquilidad que no había conocido en más de una década. La culpabilidad seguía allí fría y afilada por la mentira y por obligar a Maximiliano a invadir mi vida para protegerme pero el miedo antiguo, el terror de que mi pasado me alcanzara y me reclamara, se había desvanecido, era una libertad indescriptible. Debía confiar plenamente en Maximiliano, acababa de desmostrar que me ama, no solo pagando una deuda si no protegiéndome de aquellas personas y de Irina. ​Vi

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