Ainoha El aire dentro de la mansión se ha vuelto denso, casi sólido. Es esa clase de silencio que precede a una tormenta eléctrica, donde la presión te oprime los tímpanos y cada pequeño ruido el crujir del parqué, el zumbido de la nevera, el latido de mi propio corazón suena como una explosión. Max cree que me ha engañado. Cree que su abrazo de anoche y sus mentiras piadosas sobre Alejandro han sido un bálsamo suficiente para calmar mi instinto pero Max olvida que yo aprendí a leer las sombras mucho antes de conocerlo a él. Él no regresó de la villa de la costa como un hombre que ha puesto a salvo a su padre por muy mal que se hayan llevado. Regresó como un hombre que ha visto un cadáver, o peor aún, como alguien que ha tenido que enterrar una parte de su propia alma. Sus ojos están

