Aquello me parecía que emperezaba a coger forma, me regocijaba pensando en el incauto que era aquel científico que se creía tan inteligente, cuando yo misma y en poco tiempo había reunido aquel gran rompecabezas y le empezaba a dar cuerpo. Un día vino a mi casa una amiga, justificándose porque decía que se había dejado algo de vital importancia y que a pesar de que me había llamado varias veces nunca la había respondido, se presentó en la puerta. Amablemente la atendí y la hice pasar, esperando que su visita fuese lo más corta posible, para que pudiese seguir con mi tarea de recortar, pegar y unir noticias. Ella criticó el descuido en cuanto a mi forma de vestir en casa, así como por mi dejadez de las tareas del hogar, ya que se me había empezado a acumular el polvo por las esquinas. N

