―¿Tú has estado en el lago? ―pregunté aliviada al ver que no era la única que ponía la razón por delante en aquel lugar. ―Ni loco, una cosa es que no comparta con ellos sus supersticiones y otra que sea tan incauto como para ir a ese lugar ―contestó mientras daba un respingo hacia atrás asombrado por mi pregunta. ―Pero me has dicho que eso no son más que habladurías ―repuse perpleja porque contradecía sus propias palabras. ―La explicación a los hechos sí, lo que no está tan claro para mí es eso, pero por nada del mundo me acercaría a aquella aldea ―volvió a insistir mientras daba un paso hacia atrás con la cara desencajada por la mera idea de realizar ese viaje. ―Pues he estado allí y nada me ha pasado ―solté mofándome de su actitud y la de todos los del pueblo, aunque ellos no me pudi

