Edimburgo, 2018. Eyleen. Me quedo en un rincón ignorando alrededor, me cruzo de brazos mientras trato de no correr a mi habitación porque está claro mi incomodidad. No quiero socializar, es evidente que no encajo entre tantas personas que resaltan más, no es mi lugar; hasta mis hermanas se divierten moviendo su cuerpo al ritmo de la música latina. ¿Por qué no disfruto mi vida? ¿Por qué todo me parece monótono? Siento como si nada tuviera sentido, como si he perdido el rumbo de mi vida porque no puedo controlar la dirección de mis pasos, ni siquiera deseo volver a empezar por temor a seguir perdiéndome. ¿Por qué tengo tanto miedo de volver a arriesgarme? Con tan solo pensar en que volveré al punto de partida, me da terror, ya que será enfrentar nuevos retos y no sé si sea capaz de sop

