Veía todo el alboroto en casa ante la posible llegada de un nuevo intrigante y la sola idea me tenía tan molesto que desquitarme con los paquetes de papá dejó de ser suficiente «Además me descubrió en pleno acto destrozando una de sus entregas y me pateó tan fuerte que ahora debo destrozarlos en la madrugada si no quiero perder la mitad de mi trasero dejándolo en sus zapatos» y ya no sabía francamente qué hacer. No podía evitar la llegada de esta persona desconocida por más que me quejara, hiciera alboroto y creo que tenía muy agotados a todos en casa con el tema, porque en verdad no quería a otra persona, menos a una chica porque como yo no participé en su crianza, seguro ha de ser un ser tremebundo que no merece respirar mi mismo aire, pero nada de lo que hice sirvió y su llegada estaba a tan solo días, pero por supuesto no iba a rendirme.
Mamá se mantuvo firme en su idea de adoptar y sabía que no iba a ceder, pero con lo que no contaba es que incluso con esa intrusa en casa, no me iba a rendir, eso sí que jamás.
Traté de distraerme un poco porque quejándome no lograría nada, debía esperar a que llegara el día en que llegara a casa para actuar, pero por lo pronto necesitaba distraerme y estudiar no era una opción. Nunca fui un estudiante puntual, modelo y es que muchos ni siquiera sabían que yo estaba matriculado en clases porque casi no iba. Las únicas que sabían eran las compañeras de clases, que eran alrededor de quince chicas más o menos, con las que nunca he entablado amistad ni planeo hacerlo, porque tener amistades tan vacías como esas podría interponerse en mis planes de ser dictador y tengo que estar enfocado, nada puede desviar mi camino ni mi atención, pero habían exactamente tres chicas, tres engendros que maldigo con mi alma el día en que nacieron porque creo que no me van a dejar en paz hasta el día en que me gradúe y precisamente por ellas he querido adelantar mis planes, ser presidente cuánto antes a ver si puedo lanzarlas en cohete hasta Indonesia, Nueva Zelanda o algún país bien lejano para no volver a verlas jamás. Estas eran María Claudia, Paulina y la peor de las tres por lejos era Lorena, quién estudió conmigo desde la escuela y me siguió hasta la universidad, porque siempre ha tenido intenciones de tener algo conmigo, pero no, eso no puede suceder.
Lorena es el amor platónico de Emanuel, uno de mis mejores amigos y Lucio también dice que es preciosa, pero no entiendo por qué la ven de esa manera, es que absolutamente todos resaltan siempre que es hermosa y no lo puedo entender. Ella es alta, esbelta, tiene el cabello largo, lo tiñe de un color claro y no entiendo por qué hace eso, si fue alguna clase de accidente, porque en la primaria y bachillerato siempre tuvo el cabello oscuro, pero no sé si cuando viajó a la capital algún cachaco se tropezó volcando cloro encima de ella porque no encuentro otra explicación lógica para tan nefasto color de cabello. Lo que me molesta de ella más que su físico, que no era de lo peor de este mundo, aunque sí ocupaba un puesto muy bajo, era más su personalidad. No era precisamente tonta o poco inteligente, era normal, como mis amigos, algo aplicada y responsable, pero siempre que está a mi lado «que es casi siempre porque me acosa, me atosiga, me hace querer inmolarme a cada segundo», noto que se esfuerza demasiado en encontrar un tema para hablar conmigo, alguna excusa para acercarse o ir a mi casa, por lo cual regué el rumor de que me habían asesinado a machetazos dejándome como colador para ver si me dejaba en paz, pero ir con una peluca y un bigote falso al estilo indio a clases no dio buenos resultados e incluso, quiso acariciar mi bigote y eso me ofendió tanto que lo arranqué de mi rostro y lo tiré por la ventana.
A veces siento que ella es mi karma y que será mi verdugo cuando vaya a la habitación que satanás tiene reservada para mí en el infierno.
Volviendo al contexto de este día, Lucio me dijo que fuéramos a una fiesta que iba a dar María Claudia que no era la gran cosa, solo un pastel, comida, música y cosas así, iban poco menos de diez personas, pero solo cercanos y entre esos yo, porque las tres me consideran su amigo y no entiendo por qué cuando les he dejado claro mi desprecio, pero al menos esas dos me desagradan menos porque no se entrometen en mi vida, andan en sus asuntos a excepción de cuando vienen con Lorena, la cual muchas veces les pide hacer cosas, hablarme bien de ella o hechos similares, lo cual me saca de quicio y la vena de mi frente siempre está a punto de estallar.
Nos encontrábamos en el apartamento de esta chica y había poco más de diez personas contando a su madre quién estaba haciendo una enorme comida, pastel y demás, que huele tan bien que tengo un macabro plan en mente.
—La señora está haciendo un pastel de chocolate, ¿no es así? —le pregunté al oído a Emanuel y asintió.
—Creo, ese olor me tiene con mucha hambre—abrazó su torso al parecer del dolor del hambre y lo miré a los ojos—. Presiento que no tramas nada bueno.
—Bueno este es el plan, tú la distraes y yo me meto a la cocina.
—¿Para qué o por qué?
—Para poder robarle el pastel, sabes que no me gusta compartir.
—Oye, pero no es tuyo.
—Lo sé, es por ello que le dejaré dinero en el horno para poder comérmelo sin remordimientos—sonreí, agradecido con el universo de ser el grandioso hombre lleno de valores que soy y él me fulminó con la mirada.
—A veces me sorprende que puedas llegar a ser tan mezquino.
—¿Acaso no le voy a pagar?
—Oigan, necesito su ayuda—se acercó la cumpleañera, junto a Lorena que acababa de llegar y me miró con una enorme sonrisa, por lo cual tuve que rodar los ojos o perdería mis bellos ojos—. Tengo un presupuesto algo limitado, así que necesito que me ayuden a escoger muy bien qué vamos a beber, que alcance para todos y lo pueda pagar.
—Tranquila, preciosa. Si te falta dinero para los tragos, aquí Santiago y yo te podemos colaborar—dijo Emanuel y por la forma en que lo miré se lamentó por dentro. Sé que lo dijo para quedar bien, pero con lo tacaño que es, va a querer que yo aporte el dinero a una propuesta que él hizo para coquetearle a esta mujer y acaba de notar que no lo haré, lo cual lo hará quedar muy mal.
—No sé si sabían, pero mi familia ayer se declaró en bancarrota, así que ando sin dinero y tuve que vender toda mi ropa para poder comprar siquiera un desayuno, soy una pobre alma desamparada—dije fingiendo llorar, pero las chicas me miraron anonadadas y se cayó mi farsa.
—¿Por qué eres tan mentiroso? Solamente ayer, tu mamá fue a la tienda de mi padre y le compró muchas plantas para tu casa y de las más costosas—se quejó Lorena y chasqueé la lengua.
—Mamá tiene una gemela malvada con dinero, ¿no lo sabían? Su gemela es rica, mucho y mamá está en la debacle.
—Oye Santiago, ¿no te da pena mentir de forma tan descarada? Si hasta acompañé a papá a llevar el encargo hasta tu casa para ver si te veía…
—Su gemela malvada vive en mi casa.
—Amigo, no sigas—dijo Emanuel agarrando mi hombro y exhalé.
—Bien, bien, tomen todo mi dinero—les dije, vaciando todo el efectivo de mi billetera en las manos de María Claudia e incluso le di mi reloj, todos me miraban desconcertados—. Si quieres me desnudo y te doy también mi ropa, mis jeans, hasta mis pantaloncillos para que compres licor.
—Así es más que suficiente, qué generoso eres.
—Te odio—me quejé y me lanzó un beso.
—A ti te daremos tragos preferenciales.
Nos pidieron a todos que bajáramos, porque ella al vivir en un edificio, el conjunto tiene piscina y todos querían pasar el rato ahí, lo cual me daba igual porque estaba de mal genio. Ellas se fueron a comprar las botellas y Emanuel le contaba a Lucio lo que acababa de pasar entre risas. Ellos son muy diferentes entre sí. Lucio por un lado es más sociable, amigo de todos y conquista a la chica que desee con mucha facilidad, somos amigos desde la primaria y nos llevamos bien. Es de mi estatura, trigueño, tiene un corte de esos que están de moda hoy en día, pero desde hace un par de años que se inflamó por ir al gimnasio, lo hizo ser muy atractivo para mis compañeras y no lo entiendo, es el mismo de siempre a excepción de diez kilos más de inflamación corporal, pero a las amigas de Lorena les encanta agarrar sus brazos. Emanuel ha sido amigo nuestro menos tiempo, pero sí bastantes años. Viene de una familia sencilla, tampoco tan mala como siempre lo pinta, es que no le gusta gastar dinero en nada y por eso tiene tanto ahorrado, lo cual a veces nos hace pelear porque hace de todo con tal de que siempre paguemos nosotros dos y tiene una maestría haciéndolo. Es un poco más bajo que yo, blanco, muy delgado y tiene el cabello con rizos, parece un trapeador, pero es buen amigo dentro de todo, solo que sería genial que gastara algo de dinero de vez en cuando y que no me robe las cervezas.
Bajamos a la piscina y me senté por fuera, no iba a meterme porque un chico que se metió unos minutos antes, tenía un olor como a… cuero, lo cual me hizo sentir muy triste y preferí desistir. Mi estado de ánimo mejoró considerablemente porque como se habían ido las dos hace rato a comprar sus botellas, Lorena me había dejado en paz y no la había tenido pegada como chicle a mí. Me vestí entonces porque me era imposible ingresar a la piscina por el cuero y fui a la cocina a comer con Lucio y Emanuel, abrimos una caja de pizza que había ordenado su madre cuando llegó Lorena con María Claudia, cargando varias bolsas y se acercó de inmediato a mí.
—Te he estado buscando, pensé que estabas abajo con los demás—comentó con un tono algo extraño y supe que tenía otros planes en mente, la conozco—. Quería ver si… estabas disponible para que me invitaras a cine, es que ahora mi amiga estará con su novio, no me prestará atención y está estrenando una película que me muero por ver y qué mejor que ir contigo.
Me inundó un sentimiento tan grande que no puedo describir con palabras, pero es similar a lo que siento cuando le tengo que repetir la misma a frase a alguien muchas veces porque no entiende. Me vi tentado a cortarme las venas.
—No, no puedo—le dije intentando librarme de esta, pero no dije ninguna excusa porque no se me ocurrió nada y ella me miró angustiada.
—¿Por qué? —agarró mi brazo y por la expresión de mi rostro, mis malos amigos no dejaban de reírse de mí—. ¿Qué harás?
—Cosas, tengo unos asuntos, paquetes que arruinar, quejas que exponer y debo armar un arsenal de fusiles para asuntos que no entenderías.
—Santiago, ¿por qué siempre debes ser así conmigo? Yo me porto bien, trato de ser amable y buena contigo… pero al menos por hoy, llévame, ¿sí? Haré mi mejor esfuerzo.
—Nena, es que… me estoy cagando y me urge.
—Llévala, no hagas que te ruegue, maldito infeliz—Se quejó Lucio y para que no me vieran como el malo del paseo «que en realidad soy» decidí ceder, pero no puedo prometer nada.
—Oh, bien.
Fuimos y para mi sorpresa, pensé que tendría un poco más de modales o actuaría diferente, ya que siempre buscaba impresionarme, pero comió mucho, demasiado y en realidad eso no me molestó, sería peor que fingiera, pero lo que sí me irritó fue cuando estábamos en la sala de cine, sentados viendo una película de romance que ella escogió, pero en un momento dado, Lorena alzó mi brazo, pasándolo encima de sus hombros y me abrazó, feliz, como si fuéramos pareja y quise quitarla en verdad, pero me dio un poco de lástima porque me rogó bastante para que la trajera y por hoy quise jugar a ser el buen tipo, aunque la farsa no la pude mantener por mucho tiempo. La llevé a su casa cuando esta acabó y le dije que no se emocionara con lo que pasó, no se convertiría en rutina, pero pareció conforme, se veía feliz con el rato que pasamos y luego me marché a mi casa, porque sabía que tenía asuntos allí con mucha más urgencia que ver una película con el infeliz de Adam Sandler.
Suspiré al poder irme, aliviado de librarme de su compañía, pero no tenía idea de lo que en casa me esperaba, era algo muchísimo peor.