Recuerdo que desperté en el hospital y me sentía conmocionado por los golpes, miré mis brazos y tenían numerosos moretones en todas las tonalidades, parecía un arcoíris, absolutamente desagradable, pero lo peor por lejos era mi rostro, casi no había una zona en que se viera mi tono de piel normal, eran enormes moretones en distintas formas lo que me cubría, no sabía ni qué parte de mi cabeza dolía menos, era insoportable. Tenía fuertes punzadas de un dolor agudo en mis pómulos, en el cráneo y en la frente, creo que esto se debe a las patadas que me dieron directamente en la cabeza. —Me muero lentamente, quiero morfina —le hablé a una de las doctoras presentes quién escribía algo en una carpeta al verme. —Es la tercera vez que lo pides, te inyectaremos, pero debes hacerte un chequeo prim

