- Ese muchacho parece tener más bolas de las que creímos. ¿Viste que ni siquiera titubeó al jalar al gatillo?.
Es una puta amenaza, se comporta como un simple manovalanza.
Preguntó Renzo a su hermano Maurizio.
- A mi me agrada. Además... Legítimamente le pertenece Sicilia.
Respondió Maurizio mientras bebía café.
- No me gusta tenerlo cerca, siento que a las primeras de cambio se nos va a voltear en contra.
- No tienes de que preocuparte Renzo, solo... confía.
Señaló Maurizio y luego se puso de pie - Me tengo que ir, debo viajar a Roma. Nos vemos luego...
Renzo observó a su hermano partir, al cabo de unos minutos llegó su hijo Gianni.
- Fui al puerto para recibir el cargamento que envío Giulio.
Le dijo mientras se sentaba a lado de su padre.
- Tú tendrías que estar en Cefalú y no ese maldito muchacho.
Tantos tiempo que tuvimos el control en Sicilia y de la nada apareció ese... Cabrón.
Respondió Renzo con rencor.
Gianni miró a su padre sorprendido.
- No pareces muy feliz de que haya vuelto con bien... Bueno, más o menos ya que le fue mal durante bastantes años.
Observó Gianni.
- Quiero que hagas una cosa, mátalo.
Le ordenó a su hijo.
El joven alzó las cejas impactado.
- ¿Matarlo? Pero, está haciendo las cosas bien. A mí me parece que Giulio es un buen Don.
Observó Gianni.
- ¡El que debería ser Don soy yo, y cuando yo muera, deberías serlo tú.
No ese... pendejo.
Señaló Renzo.
- Padre... ¿De que hablas?.
Preguntó el joven.
- Cuando murieron los Riviello, Sicilia pasó a mi control. Y bajo mi administración prosperó... Y luego me entero de que Giulio seguía vivo.
Se supone que no debía vivir mucho, le ordené específicamente al pendejo de Santiago que se asegurará de que no sobreviviera nadie, pero al muy pendejo se le hizo demasiado hermoso como para matarlo y decidió llevárselo.
Se supone que debía llévarse a Chiara, no a Giulio.
En fin, para que entiendas mejor, el Don que tenga a las más poderosas familias bajo su cargo y la mejor posición se supone que se volverá el Capo dei capi cuando el anterior haya muerto.
Tu abuelo ya está demasiado viejo, y al parecer Giulio sigue siendo su favorito incluso entre sus hijos.
No dudes de que pronto lo nombre Vice Capo... Aprovechando que Paolo murió.
Siempre supe que planeaba dejar todo a cargo de los Riviello y por eso los mandé a matar.
Pero, no salió como esperaba.
Ahora quiero que vayas tú, mates a Giulio y asi podremos asegurarnos el puesto.
Giulio no debe encontrar a los españoles o se enterará de todo.
¿Entendiste?.
Finalizó Renzo.
Gianni sintio que todo le daba vueltas.
- ¿Mataste a tu propia hermana?.
Preguntó Gianni horrorizado al saber la razón de la muerte de la familia Riviello.
- Ella jamás debió casarse con Riviello, se supone que lo haría con alguien más.
Además... Era mi media hermana, no es para tanto.
Jamás comprendí por qué era la favorita de mi padre.
Reveló Renzo con rencor.
- No puedo matar a Giulio así como así, te olvidas de que tiene al americano y al turco con él todo el maldito tiempo.
Le recordó Gianni.
- Entonces ve buscado la manera.
Tienes hasta fin de mes, que es cuando Riviello irá a Marruecos... Obviamente no debe llegar allá.
Ordenó el padre del joven.
Gianni se puso de pie y antes de irse decidió recordarle a su padre algo.
- Esto va en contra de las reglas papá.
Dicho aquello, el joven se marchó.
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Átlas firmaba unos documentos en su oficina cuando apareció Víctor en la puerta.
Al verlo Atlas le indicó al joven que pasara.
- Tengo ya toda la información sobre el tal Santiago, si tu abuelo va con nosotros nos será más fácil tener un motivo para querer que nos permitan entrar en la sociedad.
Aunque, deberías evitar ir tú... No dudes que no te reconozcan.
Le mencionó éste.
Atlas asintió al estar de acuerdo.
- Permaneceré en el hotel... Quiero que cuando sea el momento adecuado lleves a esos mal nacidos ante mi.
Le ordenó él.
- Por supuesto... Atlas, deberíamos ir viendo lo de la boda. ¿Todavía va a haber boda?
Le recordó el joven.
Atlas sonrió.
- Claro. Pídele a Ekrem que te acompañe a la iglesia para que el padre realice la ceremonia.
Lorraine ayer compró el vestido. También necesito que me ayudes a encontrar a una buena weeding planer.
Tenemos el tiempo encima y un presupuesto ilimitado, así que no veo porque debería ser tan complicado.
Razonó él.
Victor sonrió.
- Jamás imaginé que Lorr terminaría aquí con alguien como tú.
Lo digo en el buen sentido, pero siempre imaginé que pasaría su vida bastante aburrida en New York.
Al igual que yo... actuando en teatros de mala muerte.
Y ahora, estamos en este paraíso contigo.
Jamás imaginé que al final lograría tenerte como un hermano...
Haría cualquier cosa por ustedes dos.
Le dijo Víctor.
Atlas sonrió conmovido.
- Lo sabemos. Yo también haría cualquier cosa por ti... Y claro, también por Ekrem.
Bueno, ayudame con esta mierda, olvidé el orden en el que se supone iban las hojas.
Le pidió Atlas riendo.
Así pues los dos sepusieron a ordenar los documentos.
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Maria observaba todo totalmente boquiabierta.
Uno de los sirvientes le fue a servir vino.
- Grazie.
Dijo ella.
El joven inclinó ligeramente la cabeza y se retiró.
Luego de unos minutos apareció Lorraine ataviada en un pantalón muy holgado y una playera de THE CURE bastante vieja.
Llevaba la rizada melena rojiza alborotada y estaba sin maquillaje.
- Hola. ¡Que bueno que viniste!.
La saludó Lorraine muy contenta.
- ¡Pues claro!... Gracias por invitarme, este lugar es increíblemente hermoso.
Siempre pasaba por los muros y me gustaba ver el lugar a través del cancel.
Y ahora, estoy aquí con la dueña de la casa.
Respondió ella riendo sorprendida.
Lorraine movió la mano derecha con desaprobación.
- No soy la dueña de nada, todo es de Giulio.
Aclaró ella.
- Prácticamente es lo mismo, además cuando te cases con él, serás ama y señora de todo lo que hay aquí y más allá.
Le recordó Maria.
Lorraine reparó en que jamás le cruzó por la cabeza que ahora era inmensamente rica.
Nunca en su vida imaginó que se casaría tan joven y con un multimillonario ridículamente guapo que solamente le llevará cuatro años de diferencia.
- Bueno... Si lo pones de ese modo suena más interesante de lo que en realidad es.
Ahora, cuéntame... ¿Cómo estás?, ¿Que música te gusta?...
Quiso saber Lorraine.
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Atlas ingresó a un local muy sofisticado y elegante donde supuestamente se ofrecía el servicio de Weeding Planer.
Una preciosa mujer salió de la parte trasera y al ver a Atlas se quedó boquiabierta.
Impresionada por la despampanante apariencia del joven, ella se acomodó el cabello rápidamente y se echó una rápida mirada en el espejo.
- Buongiorno.
Saludó ella.
Atlas se giró y observó a la impresionante mujer, no debía tener más de veinticinco años.
Tenía un cuerpo escultural y era muy alta, su cabello era largo y muy oscuro tirándole al negr*.
Tenía los ojos grandes, azules y unas largas pestañas naturales.
Su nariz era perfecta a igual que su blanquisima dentadura.
Iba vestida con un elegante vestido color n***o, muy discreto y solamente utilizaba aretes como joyería.
- Hola, soy Giulio Riviello, estoy buscando a la señorita Nicole Salviati
Saludó Atlas en inglés y no en italiano.
- Mucho gusto, señor Riviello. ¿En qué le puedo ayudar?.
Preguntó ella con perfecto inglés y acento británico.
Atlas sonrió al escuchar el acento de la mujer.
- Verá, estoy por casarme pero ni mi prometida y mucho menos yo, sabemos que hacer.
Cómo podrá notar es la primera vez que nos casamos.
Dijo Atlas con obviedad, haciendo reír a la preciosa mujer.
- Claro. ¿Para que fecha es la boda y cuánto es el presupuesto?.
Preguntó ella.
- Es para el Siete de Septiembre, y el presupuesto es ilimitado. No escatimaré en gastos para mi boda.
Quiero que mi futura esposa jamás olvide ese día.
Cómo verá solo faltan veintinueve días, así que no tengo mucho tiempo.
Le informó Atlas sonriendo, robándole el aliento a la mujer.
- Eh... Claro que sí, si no hay presupuesto limitado no veo porque no se pudiera organizar todo con facilidad.
Necesito hablar con su prometida para conocer sus gustos.
Le pidió Nicole.
Atlas entonces ladeó la cabeza pensando.
- Bueno... Si tiene tiempo puede pasarse por mi casa.
Ahora mismo mi novia está ahí con una nueva amiga.
De una vez le informo que Woods tiene gustos un tanto... Peculiares, no es que sea quisquillosa, más bien raya en lo estrafalaria.
Es algo... Diferente.
Explicó él.
Nicole asintió.
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