Capitulo 17

1930 Palabras
Esa mujer... ¿Quién se cree la tal Shannon esa para tratarme así? Si es tan simplona la descarada. ¿Qué le había hecho para molestarla tanto? Bueno, eso sí lo sé, pero tengo mi justificación. Todo sucedió el día en que conocí al amor de mi vida, pero la ilusión me duró muy poco pues llegué tarde a la repartición, ya estaba enamorada de otro. Cuando vi a Vannah en el aeropuerto se me cayó la baba de inmediato, es que había que ser ciego para no fijarse en esa mujer. Ese cuerpo de diosa enfundado en unos jeans apretados y la camisa transparente que no dejaba nada a la imaginación me cautivó de inmediato. James era un tipo demasiado afortunado al haberla enamorado, me di cuenta de inmediato cuando ella hablaba de él, aunque fuera en frases cortas y más aún cuando vio al incordio de mi amigo junto a la desabrida castaña, pero ella, uff esa mujer se portó tan digna al escuchar quran pareja que me sacó una sonrisa estúpida. Debo decir que intenté sacarle celos a mi amigo cuando ella se sintió mal, pero ahí se metió la que nadie llamó al baile e hizo lo inesperado, lo ayudó para que saliera corriendo detrás de la femme fatal. —Buena movida, pensé que aprovecharías la oportunidad de robártelo— le digo acercándome a ella y susurrándole al oído, olía a cereza y sin querer noté esos hermosos ojos color avellana que me miraban molestos ¡Qué digo!, esos simples ojos avellana, no eran nada del otro mundo. —Si serás idiota, lo que dije fue para salir del paso con la loca esa que te está mirando como el gato a la carnicería. —¿Erin? —No, tu abuela. Por supuesto que ella, ¿ves a otra loca en esta mesa? Tú… iba a decirle, pero no me dejó hacerlo porque su cara cambió a una de preocupación. » ¿Será que nos equivocamos en dejarlos solos? James y su Moritas estaban peleados en malos términos y puede que ahora ese idiota le esté reclamando algo y ella de verdad que no se veía bien. Creo que iré a verlos, ambos me preocupan. Se levantó de su silla y dejó la servilleta encima de la mesa para salir también hacia el baño. —Tal parece que la noviecita de James cree que tu nueva conquista se lo va quitar— comenta la desubicada de Erin y su padre la mira molesto. Por supuesto que yo sabía todo lo que había pasado entre esos dos. Con James y Christian éramos amigos desde niños, pues nuestros padres tenían varios negocios juntos. Fue por eso que accedí a quedarme a cargo de la constructora cuando él me lo ofreció, para mí era un ganar y ganar. —¿Sabes Erin? Tienes razón, iré a ver qué pasa con Savannah, de verdad que se sentía mal y en cuanto a James y su pareja ese no es mi tema, menos el tuyo. Hice lo mismo que la loca desquiciada de Shannon y enfilé mis pasos hasta el área de los baños, lo que no me esperaba era encontrarme a la chica desmayada en los brazos de mi amigo. Me quedé de una pieza y fue el trato de esa mujer el que me sacó de mi estupor. ¿Cómo podía tratarme de idiota si no me conocía? Me molestó su forma de ser conmigo, pero eso se lo haría ver cuando tuviera tiempo, ahora Vannah era nuestra prioridad. Mientras manejaba, miraba cada cierto tiempo por el retrovisor y la preocupación de mi amigo me demostró que esos dos eran el uno para el otro. «Hasta se ven bonitos los dos juntos» En cambio, la loca que llevaba a mi lado no dejaba de apurarme y reclamar que nos estábamos demorando demasiado en llegar al hospital. No quise hacerle caso, dios es que eran tan insoportable que ya me tenía las bolas hinchadas. Al llegar al hospital, todo fue un ir y venir de emociones, James estaba que se lo llevaba el diablo y creo que la tal Shannon era la única que lo calmaba. Pero algo me hizo click al ver como James daba los datos de Vannah y ahí caí en cuenta de donde la conocía, les conté a los chicos lo que había recordado y una vez que hice la búsqueda me quedé boquiabierto, Vannah era la hermana de esa chica desaparecida y que por lo que decían las noticias estaba en estado de coma en Estados Unidos. No pude seguir indagando más en el tema, pues una enfermera nos dio otra noticia que nos dejó de una pieza a todos y era que Vannah estaba embarazada, la cara de preocupación de mi amigo cambió a la de ilusión, dios ¿Cómo me sentiría yo al saber que voy a ser padre de esa manera? ¡Me muero! No mejor me desmayo solamente o escapar, como lo hice aquella vez... Cuando la enfermera se llevó a James nuevamente nos quedamos solos con la incordio esa que no me quitaba la vista de encima. Vamos ya le habia gustado, era un tipo demasiado guapo y aunque lo negara, estaba seguro que ella me comía con la mirada. —¿Te gusta lo que ves? —Ay, por favor, idiota. Es solo que no entiendo que te preocupa tanto ¿Te gusta Moritas? —No puedo negar que Vannah es una mujer muy hermosa, pero soy un hombre de palabra y las mujeres de mis amigos están vedadas. —Wow, eso si que es nuevo. No sabía que ustedes tenían un código de machos alfas. —Veo que aunque trabajes con James no lo conoces tanto como yo— digo mirándome mi perfecta manicura. —Conozco solo lo que me quiere contar, no soy una chismosa y sé quién eres. Uno de los mejores amigos de Chris y James, me imagino que no eres el que le quitó a la noviecita al menor de los O’Connor, lo digo por tu supuesto código. —Confúndeme, pero no me ofendas. Aunque debo decir que Mateo le hizo un gran favor a Chris, Chloe no era una perita en dulce y si de perras se trata, está en mi segundo lugar del top ten. —¿Y quién es la primera? —Erin, dah. Esa perra es la primera en mi lista de mujeres a las que mejor escaparse. —Ah… Cuando la enfermera salió no aguantamos el saber qué pasaba dentro y aprovechamos que salió rápido para entrar. Mi amigo y su hermosa mujer estaban en la camilla abrazados, por suerte su bebé y ella estaban bien y al darles el alta los llevé a su casa. Loren, como siempre hizo un escándalo y me recriminó que no le avisara de Vannah, pero Chris solo me había dicho parte del porqué de su visita, que debía buscarla y llevarla con James. Ese era otro idiota que me iba a escuchar por darme información a medias o bueno, lo que escuché mientra me dormía cuando me hablaba. James pidió la cena y entre medio de una buena conversación con Vannah y él se nos hizo tarde, por lo que mi amigo pidió que arreglaran mi habitación. Cada uno se fue a descansar, pero yo debí contestar una llamada de mi madre que es otra que me tiene con las bolas hinchadas para que siente cabeza. Algo que aún no quería hacer, estaba en mis treinta y había tanto por disfrutar. Después de discutir con ella y aguantar otra cita a ciegas para dejarla tranquila me fui a la habitación que siempre uso en esta casa. Estaba tan cansado que solo me desnudé y me acosté en la cama. En la mañana, me encontraba aferrado a un cuerpo delgado y bien formado, mi erección era del porte de una catedral y ese aroma inundó nuevamente mis fosas nasales. Aproveché de toquetear tanto como pude y debo decir que la muy desgraciada se las trae, todo estaba en su lugar. Una sonrisa boba salió de mis labios y probé un poquitito más, allegando una de mis manos a ese coñito tan bien depilado que me sacó más de un suspiro. Lo que no me esperaba es que ella despertara de malas y de un solo movimiento me lanzara cama abajo. —¡Oye! ¿Qué te pasa? —¿Qué te pasa a ti? ¿Qué haces en mi habitación? —¿Tu habitación? Pero si serás, esta siempre ha sido la habitación que me preparan en esta casa. —Pues al parecer se les olvidó decirte que llevo dos semanas durmiendo aquí, idiota. Se levanta como si nada le afectara y me mira con esa cara de superioridad que me pone de malas, por lo que todas las ganas que tenía mi muchacho se fueron a buena parte. Me puse de pie y sobé mi trasero, la caída había sido considerable y estoy seguro que más de un moretón había dejado. Esta afrenta me la iba a pagar, como que llamaba Aaron Connelly. Los días fueron pasando y debo decir que volver a estar en la casa de los O’Connor era sumamente gratificante. Además de que me servía para escapar de mi madre, pero eso el día de hoy no sucedió y de la nada me encuentro frente a una rubia descerebrada hija de una de las amigas de mi madre. —No sé en qué pensaste para venir aquí, Lana. Si no te he llamado es porque no tengo tiempo de atenderte y sería bueno que lo notaras. —Ay, Aaron, pero si tú mamá me dijo que hoy estarías libre, por eso te vine a buscar para almorzar. Me lleva el diablo, le dije eso a mi mamá para sacármela de encima y de paso pasar a verla, pero veo que mi vieja se lo tomó por otro lado e hizo que esta legaly blond esté frente a mí mostrándome su diminuto vestido rojo a lo Sharon Stone. De la nada se levantó y se acercó a mí con esa candencia que demostraba qué era lo que quería y quién era yo para negárselo, la tomé por su cintura le di media vuelta y la recosté en mi escritorio, dejando su prominente trasero a mi merced, levanté su vestido y comencé a nalguearla, la muy condena gritaba como loca, lo que en cierta forma me prendió. Saqué un condón de mi cajón y enfundé mi m*****o. Rompí su pantaleta y de una estocada entré en ella, me moví como un verdadero animal buscando mi propio placer. Y, de la nada se me vino a la mente esos ojos almendrados y ese olor a cereza que no podía quitarme de la cabeza. —¡Diablos! — Salí del cuerpo de esa chica y me saqué el condón, nuevamente se me había acabado la inspiración por culpa de esa incordio. —¡Aaron! —¡Lárgate! Y ni siquiera se te ocurra decirle esto que pasó hoy a mi madre. —Cariño, prometo que la próxima te llevaré esas pastillitas azules. —¡Te dije que te largues! La muy imbécil salió con esa mueca de risa creada por Botox de mi oficina y justo iba pasando la incordio de Dumas que se quedó mirando con la baba hasta el suelo y adivinen quién despertó. —¡Maldito infeliz! ¿Quién te entiende? ------------------------------ Copyright © 2025 P. H. Muñoz y Valarch Publishing Todos los derechos reservados. Obra protegida por Safe Creative
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