Pasaban de las doce y media de la mañana, Eirian y Orión salían de la mansión principal hacia el centro de la ciudad. El rubio iba callado, molesto aún por lo que había pasado en la mañana con respecto al asunto de bebé. —¿Seguirás enojado conmigo?— le preguntó el castaño. Realmente no quería estar enojado con su novio, no ahora que lo necesitaba aunque él no le creyera. —Orión no me pidas que no esté enojado después de lo que hablamos. No logro entender tu nueva postura con respecto a tener un hijo ahora— le dijo Eirian sin sacar los ojos del camino. —No es una nueva postura, creo que sería lindo tener un hijo y que lo criemos nosotros— dijo Orión_. ¿Tienes miedo a algo?. —¿Miedo?. Orión ni siquiera has terminado tus estudios_ le dijo el rubio mientras paraban en un semáforo—. ¿Por qu

