ATADO

1517 Palabras
 Despierto sintiendo una fuerte presión en mis muñecas y tobillos. Estaba atado. Mis ojos vendados me impedían ver nada, y la sucia mordaza no permitía que pudiera emitir más que quejidos ahogados, provocados por el dolor de las ataduras. Al reaccionar, me di cuenta que estaba tirado en el suelo. Podía sentir el frío cemento en mis manos al rozarlo, y lo rugoso del muro que chocaba contra mi espalda. Recordé en ese instante lo que había pasado. El episodio con aquel chico, su sangre en el piso de aquel lúgubre callejón. Mi pánico al ver a esos dos hombres tenebrosos. El pastel que había comprado para mi hermano, cayendo y arruinándose. Mi latidos acelerados, mi respiración agitada, el sudor, los temblores. Una frenada en seco, un pañuelo en mi boca, un olor amargo, una cicatriz, unos ojos. n***o. Fue tan rápido, y a la vez tan lento. Todo pasó por mi mente en un segundo, pero veía cada escena en cámara lenta. Como si de una película se tratase. Hasta pude distinguir mi rostro. Mi cuerpo. Podía observarlo a la perfección. Cada gesto, cada movimiento, cada suspiro, cada escalofrío que lo recorrió en ese momento. Mi corazón en mi garganta, formado un nudo que no dejaba pasar el aire. Los gritos de esos matones, las súplicas del muchacho. Mis pasos al correr, los suyos al seguirme. Tenía el completo panorama mental del peor día de mi vida. Al estar tumbado, trato de incorporarme para por lo menos quedar sentado, ya que no estaba para nada cómodo. Luego de muchos intentos fallidos, logro ponerme derecho, apoyándome en la pared venida a menos. No puedo ver. No me puedo mover. Apenas si respiro. Quiero salir de aquí. Quiero escapar. Quiero ver a mi hermano. Que me abrace, y me diga que todo estará bien. Que ya ha pasado. Quiero decirle feliz cumpleaños, y disculparme por no haberle dado su regalo. Que festejemos como siempre lo hacemos... ¿Isamu, dónde estás? Inconscientemente, lágrimas comienzan a salir, empapando toda la venda. Escucho pasos acercándose, por lo que me tensé al instante. Comencé a girar mi cabeza hacia todos lados, a mover mis manos y pies, tratando de aflojar las sogas. Pero sólo me lastimaba aún más. Percibo que se detienen frente a mí. Parecía que eran dos personas. ¿Serán los mismos que me trajeron aquí? ¿Me van a matar? ¿Qué hago? ¿Qué hago? Esto está muy mal. Estoy perdido… De repente, siento como la mordaza se afloja y la venda cae. Parpadeo un par de veces para acostumbrarme a la luz del ambiente (que no era mucha), y muevo un poco mi mandíbula entumecida. Al alzar mis ojos, me topo con una imagen sumamente descarnada. Ahí estaban. Esos monstruos, mirándome con diversión y sonriéndome con sadismo. Era obvio que disfrutaban verme en ese estado. Tan vulnerable ante ellos.. Ahora que los analizaba con más atención, no me cabía duda de que aquel morocho de ojos azules no había sido su única víctima. Seguro era un pobre omega. Se notaba por la fisionomía de su cuerpo. ¿Por qué razón tuvo que morir? ¿Qué fue lo que hizo? No me imagino qué ameritaría que lo molieran a batazos estas dos bestias. Repasando de nuevo todo en mi cabeza, aquel chico tenía la ropa desgarrada y varias marcas en su cuerpo, que no parecían de golpes inflingidos por un puño, una patada o un bate. Entonces, eso quiere decir que... Oh Dios… No era suficiente ser asesinado brutalmente, sino que antes tuvo que soportar que esos dos alfas asquerosos satisfacieran sus deseos sexuales con él. Por favor. Ni siquiera merecen ser llamados como tales... No quiero ni imaginarme el infierno que debió haber experimentado. ¿Cómo es que no se acercaron a ayudarlo antes? ¿Nadie escuchó nada? ¿No sienten un poco de empatía o compasión? ¿Qué carajo le sucede a la gente? Definitivamente este mundo se está echando a perder… -Para ser un alfa, eres un mocoso débil y patético…-, se burló uno de ellos. Aunque era más bajo que su compañero, se notaba que era mucho más fuerte. Sus músculos parecían haber sido inflados a compresor, y las gruesas venas que marcaban su cuerpo daban la sensación de que, en cualquier momento, explotaría por la presión. -Este enclenque de verdad da pena… ¿Cuándo llegará el jefe? Ya quiero que me deje divertirme con él…-, dijo el segundo. Al oír esas palabras, me estremecí del terror. ¿Jefe? ¿Dejarlo divertirse? ¿Qué cosa tenía en mente este psicópata? Estaba asustado en demasía. El ser que había visto en mi último momento de consciencia, antes de ser drogado y secuestrado, ahora se erguía ante mí. Y de verdad, daba miedo. De por sí, su figura era imponente, como si fuera alguna clase de ser sobrenatural que podía pisotearte cuando se le diera la gana. Ese halo de rudeza que lo circundaba, era complementada con una cicatriz. Esa, que le atravesaba la mejilla derecha, y que dejaba a la vista evidencias de una herida horrible. De seguro tardó mucho tiempo en sanar…Pero, lo que más me atemorizaba, eran sus intensos ojos ambarinos, que me provocaban una sensación de pánico indescriptible. Parecía un lobo hambriento, impaciente por lanzarse hacia su presa. La forma en la que me miraba era espantosa. Literalmente, creí que moriría en cualquier momento si aquel sujeto seguía escrutándome de esa manera. Al margen del pavor que inundaba mi interior, no podía quedarme callado, no me lo permitiría. Tenía que ser valiente como mi hermano. Sacando firmeza y convicción de donde no tenía, encaré a aquellos individuos, observándolos fijamente. -Malditos bastardos, desátenme y déjenme salir de aquí-, vociferé, volviendo a intentar zafarme un poco de las ataduras. Ambos se miraron y comenzaron a carcajear fuerte, casi sin parar. -Ja ja ja ja ja, de verdad que eres chistoso chiquillo idiota…-, reía el ojos de ámbar. Su voz retumbaba en todo el lugar. -Es más tonto de lo que pensé, aparte de lamentable, estúpido tuvo que salir… Ja ja ja-, acotó el otro, largando una risotada tras otra. Sus risas me recordaban los bramidos de las hienas. Me infundían un profundo recelo. De pronto, se escucha el sonido de una persiana metálica abrirse, y más pasos aproximándose a nosotros. Mi nerviosismo aumentaba a cada segundo. Mi cuerpo volvía a temblar y sudar. Tenía que escapar, tenía que encontrar la manera de reunirme con Isamu de nuevo. Pero, ¿cómo?… Oigo como esos pasos, que antes se acercaban, se detienen a unos metros de mí, quedándose en las sombras, y luego se produce un silencio sepulcral. Duró unos pocos segundos, aunque para mí resultaron eternos. Mientras trataba de distinguir esas dos siluetas que habían entrado a aquel lugar, uno de los matones habló, dirigiendo sus palabras a la oscuridad. -Jefe, al fin llega-, dijo el más bajo, haciendo una reverencia. El otro, imitándolo, saluda y prosigue: -Aquí está el chico que quería ver. Le quitamos su identificación y averiguamos quién es. Su nombre es Rokujō Ichiro. 16 años. Alfa dominante. Se mudó con su hermano mayor, Rokujō Isamu, también alfa dominante, hace un mes. Vienen de un pequeño pueblo del norte. Sus padres murieron. No hay parientes cercanos registrados que sigan con vida. Y hay algo más interesante jefe. Su padre, era policía. De hecho, murió en servicio hace dos meses, producto de una balacera en medio de un robo... Aw, que tierno... Su hermano ahora está estudiando para ser como su papito. Al parecer quiere terminar igual que él, ja ja. Pero, por el momento, trabaja como repositor en un pequeño supermercado para solventar los gastos. Pobrecitos...-. Cerró el discurso en un claro tono de sarcasmo. Al escuchar cada palabra, mi temor, mi nerviosismo, mi rabia, mi ODIO, se incrementaban. Sentía que en cualquier momento iba a reventar de tantas emociones acumuladas. Ellos sabían todo no sólo de mí, sino de familia, de mi hermano… Ya no sólo quería escapar. Tenía un enorme deseo de partirles la cara a esos malnacidos. De correr a buscar a Isamu para advertirle. Para que nos largáramos lo más pronto posible. Pero, siendo realista, ¿qué oportunidad tenía yo contra aquellos dos? Todo sería para peor. Sería en vano… ¿Por qué está pasando todo esto? ¿Por qué a mi? ¿Qué hice para merecerlo? Sólo quería sorprender a mi hermano. Y ahora ni siquiera sé dónde estoy, o siquiera si lo volveré a ver… En lo que me lamentaba y a la vez maldecía cada instante que estaba viviendo, escucho una voz gruesa haciendo eco en todo el recinto. Alcé mi vista, y vi cómo un hombre alto, de cabellos grises y ojos negros, me observaba fijamente, inexpresivo. Formó una mueca siniestra en su rostro, y de su boca salieron unas palabras que removieron hasta lo más profundo de mi interior. -Rokujō Ichiro. Gusto en conocerte. Soy el Cazador. Qué divertido será tenerte en mis manos…-.
Lectura gratis para nuevos usuarios
Escanee para descargar la aplicación
Facebookexpand_more
  • author-avatar
    Autor
  • chap_listÍndice
  • likeAÑADIR