Punto de vista HELENA El despacho de mi madre olía a rosas secas y a reproches. Apenas crucé la puerta, Isadora me clavó los ojos como si hubiera estado esperando el momento exacto para lanzar su ataque. —¿Hasta dónde piensas arrastrar el apellido de tu familia, Helena? —soltó sin siquiera saludarme. Me quedé de pie frente a su escritorio, con los brazos cruzados, intentando que mi voz no temblara. —¿De qué hablas ahora? Isadora apoyó las manos en la mesa, inclinándose hacia mí. —De Gaspar Doménech. Ese hombre no es más que un impulsivo, y tú… tú lo has convertido en tu sombra. Tragué saliva, conteniendo la rabia. —Gaspar no es mi sombra, madre. Y lo que pase entre él y yo es asunto mío, no del consejo ni de los accionistas. Su risa fue breve, cortante. —¿De verdad crees que pued

