Punto de vista ALICIA El salón de juntas olía a café frío, tinta y tensión. Las luces blancas caían sobre las carpetas como bisturís, frías y precisas. Alicia observaba en silencio desde el extremo de la mesa, con las manos cruzadas sobre el cuaderno y los ojos fijos en la pantalla donde aparecían los votos electrónicos del consejo. Sabía que aquel día no ganaría la guerra, pero podía asegurarse una victoria estratégica. Uno de esos movimientos invisibles que cambian el curso sin necesidad de aplausos. Octavio presidía la reunión con su habitual arrogancia. —Punto tres del orden del día —dijo, marcando con el bolígrafo—: revisión de control sobre las filiales extranjeras. Helena estaba allí, a su izquierda, serena y firme. Gaspar, al otro extremo, sin corbata, con ese aire de calm

