Dylan intentó establecer contacto con quien quiera que estuviera a cargo del gobierno de Israel, pero no obtuvo respuesta. Quería mirar la posibilidad de transportar a los sobrevivientes no infectados a Jerusalén. Su gente ya estaba desesperada por poder respirar aire fresco. Aire que supuestamente hay en la histórica capital de Israel. —Eres descendiente del rey David ¿No? —dijo Dylan, sentado en su escritorio, masajeándose las sienes. Estaba estresado y tuvo que tomarse una aspirina —, por ende, eres el legítimo rey de Israel. —Dejó de ser reino antes de la venida de Cristo —le recordó el soldado, que tenía a Lisa sentada en su regazo jugando con una muñeca de trapo que él le consiguió en una de sus tantas misiones de rescate. —En estos momentos no hay un gobierno, no hay nada, se

