Narrador. Dimitri esbozó una sonrisa satisfactoria tras escuchar esas palabras de su amada reina, le masajeó la nuca con el pulgar, una caricia lenta y rítmica que provocó que Emma formara un arco con su espalda sintiendo como sus pezones erectos se rozaban contra la piel de su lobo. Encogía los dedos de los pies, le dolían los pezones, y le temblaba el labio inferior. Él la giró y ella se tensó—tranquila— susurró en su oído pasando con tanta suavidad la punta de su lengua por el lóbulo de la oreja y la sutileza fue tan fuerte que la hizo chillar de puro goce sintiéndose al límite; varios espasmos la recorrían sin ser capaz de obtener el orgasmo tan deseado, era como creer que agarraba la gloria, pero al final tenía las manos vacías y comprendió que a esa sensación era que su Alpha se re

