Capítulo Cinco

2166 Palabras
Capítulo Cinco. 17 de septiembre, 2017. Odiaba los domingos. No, permíteme corregir eso: odiaba los domingos en los que me despertaba sola en el apartamento porque Adrian y Love pasaron la noche fuera, divirtiéndose sin mí. Todo estaba demasiado silencioso y aburrido. Tomé mi móvil y miré la hora por enésima vez, deseando que este día llegara a su fin y poder volver a ser proactiva de nuevo. Ni siquiera tenía ganas de grabar un nuevo vídeo. Había estado haciendo investigaciones sobre la Bratva, pero todo lo que encontraba sobre Dubrovsky eran leyendas urbanas sin ninguna fuente confiable. No podía hablar sobre algo que no tenía fundamentos sólidos. Se perdería la credibilidad de la nota. Sin embargo, un tal Zephyr había logrado captar mi atención. Estaba ubicado como tercero al mando en la línea de Dubrovsky, pero al igual que este último, toda la información que se tenía de él eran de personas poco confiables. Hablaban sobre la sanguinaria estela de cadáveres que tenía a su corta edad—rondaba los veintiséis años—y como era conocido por ser un tempano de hielo. Por alguna razón, me encontré pensando en Zade. En un acto de impulso, había guardado su número de teléfono en mis contactos y pocas veces—unas diez, cada hora—me encontraba contemplando la idea de mandarle un mensaje, sólo para tratar de averiguar que tramaba. Por suerte, no era lo suficientemente valiente para hacerlo. O no lo era, hasta hoy. Porque el aburrimiento te hace hacer cosas extrañas. Como mandarle un mensaje de texto a un hombre que a atormentado tus sueños durante los últimos cinco años de tu vida. Si, no lidiaba muy bien con tener demasiado tiempo libre. Contuve el aliento cuando pulsé enviar y mis ojos se clavaron en el mensaje que aparecía en la ventana de chat. ¿Zade? Treinta segundos después, su respuesta llegó. Zade: ¿Estás en peligro? Fruncí el ceño, sorprendida de que supiera de quien se trataba y confundida por su planteamiento. Me debatía entre su responder o no, cuando me di cuenta que había sido yo quién había iniciado la conversación, así que ahora tenía que continuar, haciéndome responsable de mis acciones. Respondí con un simple "no" y esperé a que me escribiera de vuelta. De nuevo, no tardó ni un minuto en hacerlo. Zade: Entonces no me escribas. —Que hijo de...— me quejé en voz alta, completamente indignada por su grosería. Además, nadie me decía que hacer. Así que, como la testaruda mujer que soy, volví a escribirle. ¿Qué habrías hecho sí estaba en peligro? Esta vez, tardó un poco más en responder. Empezaba a creer que me había ignorado por completo y eso me molestaba demasiado. Pero antes de que lanzara mi móvil al otro lado de la cama y me regodeara en mi miseria, el sonido de un mensaje entrante me sobresaltó. Abrí rápidamente la bandeja de entrada y allí se encontraba, centelleante y tentadora, la nueva respuesta de Zade. Zade: Salvarte. Y eso fue todo. Tardó cerca de veinte minutos en escribir una sola palabra. Golpeé mi frente con mi mano al darme cuenta de lo que estaba haciendo: intercambiando mensajes con alguien que fácilmente podría acabar con mi vida en cuestión de segundos. Suspirando por mi estupidez, me levanté de la cama y empecé a deambular por mi habitación, tratando de descubrir que estaba pasando en mi vida. ¿Por qué creía que podría estar en peligro? Mi cotidianidad estaba completamente alejada de su estilo de vida ilegal, por lo qué, no había motivo para creer que me encontraba expuesta a algún peligro. Más allá de morir por culpa de la falta de cafeína en mi sistema. Mi pizarra llamó mi atención. Sólo tenía un par de fuentes confiables para hablar de la Bratva como una organización criminal. Pero eso era todo. Se aseguraban de cubrir muy bien sus huellas. Borré lo que tenía escrito allí y tomé mi marcador, empezando una nueva línea. Escribí Bratva Dubrovsky en el título e intenté hacer la línea de mando con lo que tenía. El líder, era Vadim Dubrovsky. Había recibido el cargo por línea de sangre, así que no se ensuciaba las manos con los asesinatos. Luego vendría Bastian Falkov. Mano derecha y consejero de Vadim, su función era la de simplemente evitar que este último se metiera en demasiados problemas. Finalmente, se encontraba Zephyr. Solo Zephyr. Sin apellidos ni segundos nombres. No había demasiada información de él, más allá de sus atroces hazañas. Al parecer, él era el encargado de ensuciarse las manos en la organización. Pero eso era todo lo que había de él en la red. Era un fantasma en el sistema del que solo se sabía su existencia, porqué es imposible esconder tantos asesinatos. Estaba más que segura de que Zephyr no era su nombre real. Un toque en mi puerta me sobresaltó lo suficiente para que el marcador que tenía en mis manos, saliera volando y aterrizara en el suelo. —¡Tenemos un nuevo gatito! —exclamó felizmente Love, levantando en sus manos a un pequeño gatito gris con delgadas rayas negras. Una bolita de pelos adorable. —¿Tenemos? —levanté una ceja, curiosa por su forma de plantearlo. Adrian apareció detrás de ella, sosteniendo una bolsa enorme de comida para cachorros. —Casi lo atropello con mi camioneta por lo que si, tenemos un nuevo gatito —explicó, dejando la bolsa en el suelo, para acariciar la pequeña cabeza del gatito. —¡Adrian! ¿Siquiera revisaste que no tuviera dueño? —lo reprendí, apartando a la pequeña bolita de pelos de las manos de Love. Ellos definitivamente no podrían cuidar de ese indefenso animal. —¡No le pasó nada! Además, la veterinaria dijo que no tenía microchip ni signos de tener casa —trató de defenderse, pero eso no ayudaba en su causa. —Creo que tengo un nuevo gato —asentí en dirección a ellos y ninguno objetó mis palabras—. Te llamaré... —¡Zade! —interrumpió Love, aplaudiendo entusiasmada— ¡Debe llamarse como tu héroe! —¿Qué? No, no —negué enfáticamente—. Definitivamente no. —¿Por qué no? —cuestionó Love confundida ante mi negativa tan tajante. —No me gusta ese nombre —mentí pobremente. Ambos me dieron una mirada que claramente decía que no me creían, por lo qué necesitaba inventar algo mejor. —Recibió muchos golpes por ti. Evitó que te asaltaran y quién sabe que más te habría pasado de no ser por él —se estremeció Love, como sí el hecho de imaginarme herida fuera demasiado para ella. La verdad quemaba en mi lengua como ácido. Pero no podía contarles lo que había pasado en realidad. —Ese nombre me recuerda todo lo malo que pudo pasar —respondí finalmente. Era una verdad a medias, por lo menos. —No seas tontita —fue el turno de Adrian para tratar de convencerme—. No pasó nada malo y es solo un nombre. Al parecer ninguno se daría por vencido, por lo que finalmente tuve que ceder yo a su petición. —Ugh, bien. Se llamará Zade —concedí, haciendo que Love extendiera su mano hacia Adrian. —Te dije que aceptaría. Me debes diez libras —sonrió victoriosa y yo simplemente rodé los ojos. Había sido víctima de una emboscada. «Tampoco es que fuera la primera vez», pensé. *** Resultaba ser que era demasiado predecible para mis amigos, por lo que ya sabían que aceptaría que el gato se llamara Zade. Era eso, o les encantaba derrochar dinero en un par platos personalizados con su nombre. Y Zade—el gato—, se había acostumbrado rápidamente a nuestro apartamento, paseándose como si hubiera vivido toda la vida en el lugar. Estaba encantada observando como Zade se acicalaba, cuando Adrian apareció frente a mí y me extendió un puñado de sobres. —¿Qué es esto? —pregunté, hojeando levemente los nombres en los remitentes. —Escuelas de posgrados que me ofrecen becas para continuar con mi especialización —respondió, palmeando mi pierna para que le diera espacio en el sofá. Love se había ido con Declan para tener su sexta cita. Un picnic romántico o por lo menos eso fue lo que entendí, ya que lo soltó todo de sopetón mientras corría fuera del apartamento. —¡Eso es fantástico, niño genio! —choqué mi hombro con el suyo, pero Adrian no se veía feliz— ¿Qué pasa? Luego de una larga pausa que no presagiaba nada bueno, Adrian finalmente tomó una gran bocanada de aire antes de hablar. —El cáncer volvió —apretó sus manos en puños, luciendo frustrado—. Va a someterse a otra ronda de quimioterapias. Dejé las cartas sobre la mesa e inmediatamente rodeé a Adrian con mis brazos, sabiendo lo mucho que necesitaba apoyo en estos momentos. —¿Volverás a Cambridge? —pregunté, rastrillando mis uñas en su cabello despeinado. —Viajaré el viernes. Estaré allí todo el fin de semana y volveré el lunes —suspiró, pasando una mano por su rostro, luciendo perdido. —¿Quieres que vaya contigo? Anne estará muy feliz sí me ve —mis palabras le hicieron sonreír, pero al final negó—. Eh, ¿por qué no? —Mamá dijo que no quería que sus niñas la vieran en ese estado —un suspiro tembloroso dejó sus labios y me hizo pensar en cuando duro debería ser para él, mantener la compostura—. Pero gracias por ofrecerlo. —¿Y qué dice Ashton de todo esto? —palmeé su rodilla, la cual había empezado a moverse nerviosamente. —Tiene esperanza. Es bastante optimista porque el brote es leve. Pero bueno, sabes que papá siempre ve el lado bueno de las cosas y más si se trata de la enfermedad de mamá —recogió las cartas de la mesa de centro y se levantó del sofá—. Voy al balcón un rato. Necesito despejarme. —Ve, ve. Yo iré al supermercado. Es mi turno de hacer la compra, ¿lo olvidaste? —Zade eligió ese momento para subirse a mis piernas en busca de mimos. Restregó su cabeza en mi vientre y soltó un ronroneo feliz — ¿Necesitas que te traiga algo? —Nuestros suministros de tequila y caramelos ácidos están escaseando. Y probablemente Love pedirá una terapia de RCP esta semana —golpeó mi cabeza con los sobres de su mano. —¿Por qué? —Declan no es tan bueno como habíamos pensado —respondió crípticamente. —¿Qué sabes? —mi vena curiosa se hizo presente. —Estallará pronto, no te preocupes. Y con esas palabras, me dejó sola en la sala, con un gato que estaba necesitado de mucho amor, al parecer. Suspirando, dejé a Zade sobre su caja de arena, tomé la lista de víveres de la mesa del comedor y salí del apartamento, maldiciendo mentalmente nada más salir. «Jodido frío de mierda», refunfuñé mentalmente, mientras caminaba las cuatro cuadras que me separaban de la tienda de comestibles. *** —Serían cincuenta y siete libras con cincuenta peniques —la dependienta me entregó la factura junto con las bolsas de papel con mi compra. —¡Gracias! —le entregué tres billetes de veinte para cubrir mi saldo y su propina—Conserva el cambio. Ella me dio una sonrisa agradecida y guardó el dinero en la caja registradora, sacando el cambio y dejándolo en su frasco de propinas. —Que tenga buen día —me despidió, pasando al siguiente cliente. Un chico de tal vez dieciséis años se encargó de acompañarme hasta la salida, ayudándome con mis bolsas hasta que logré conseguir un taxi. Por lo general Adrian o Love pasarían a recogerme y así ahorraríamos el dinero del taxi, pero dada la situación, lo último que quería era molestarlos. Ya dentro del taxi, usé mi móvil para distraerme un rato, lo cuál me llevó inevitablemente de regreso a Zade. A la extraña conversación de esta mañana. Su último mensaje seguía allí, a la espera de mi respuesta. Pero la verdad, no tenía idea de que responderle. Decidí dirigir la conversación a otro tópico. Escribí un rápido mensaje y lo envié antes de que el valor me abandonara. Y me arrepentí inmediatamente de haberlo hecho. ¿Eres un asesino a sueldo o perteneces a una organización criminal? Bufé ante mi estúpida pregunta. Como sí existiera la posibilidad de que me respondiera a eso sin meternos a ambos en problemas. Justo cuando el taxi se detuvo fuera de mi edificio, su respuesta centelleó en mi pantalla, recordándome el peligro que corría con cada mensaje que le enviaba. Zade: ¿Acaso importa? Sin embargo, algo dentro de mí me impedía dejar de escribirle. Suponía que mi sentido común escapaba por la ventana cuando se trataba de Zade. Y eso era algo potencialmente desastroso. Demasiado.
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