Los pasos del porvenir

3923 Palabras
     El semblante de un nuevo día comenzaba para todos los caraqueños, algunos se levantaban para ir a sus trabajos en diferentes industrias, tiendas, hospitales, bodegas o negocios independientes. Los más pequeños disfrutaban de una arepa antes de que sus padres o algún familiar de turno, les llevara hasta el colegio más cercano. Los negocios del centro comenzaban a abrir muy temprano, respirando aquel aire frio de la mañana que purificaba la inmensa biodiversidad del Ávila, la montaña más grande, protectora de la ciudad más poblada de todo el país.       Ya empezaban a circular los automóviles traídos del extranjero y que algunos aparadores tenían ya en exhibición, los niños del periódico gritaban la última noticia para vender cada uno de aquellos diarios, los mismos periódicos que renegaban la utilización del automóvil, una década atrás, por ser demasiado peligrosos, ahora los exhibían como grandes tesoros que provenían de las tierras europeas y norteamericanas.      Esa mañana, a pesar de ser los primeros días del nuevo año, todo estaba aun mas movilizado, seguramente porque inconscientemente el colectivo caraqueño esperaba de su gobierno cosas nuevas para hacer frente a la crisis social que comenzaba. Era muy frecuente, aun permanece entre nuestros días, que la población de Venezuela fuera resiliente y tornará su mejor cara a los tiempos más oscuros, aunque ciertamente antes habían estado peor, solamente quieren avanzar acaminos de mayor bienestar y prosperidad.      Aquella dulce mañana de enero, el general López Contreras estaba en su casona caraqueña, se había levantado tan temprano como cualquier soldado, había afeitado su rostro, aceitado su bigote y limpiado sus lentes. Estaba frente al espejo cerrando el último botón de su traje de gala militar, desde la parte de atrás se acercaba su esposa María Teresa para darle un beso cálido en la mejilla, desearle que todo en su día estuviera bien y que estaría muy atenta a la radio para oír el discurso que daría aquella mañana en el Congreso. Termino de arreglar su uniforme, colocar cada medalla y distinción obsesivamente, en el lugar de su guerrera que creía más ordenado, se despido afectuosamente de su familia y salió a la calle.      Quien pudiera observar a Eleazar López Contreras quedaría atónito ante tanto deslumbramiento de personalidad y el juego de cada uno de sus accesorios de aquel perfecto traje de gala, el cinturón dorado en su cadera, las charreras de oro y el cinturón de mando en su brazo derecho le brindaba una elegancia única, digan de aquel ejemplar caballero, estos últimos dos accesorios parecían que poseían un movimiento unisonó cada que bajaba un escalón rumbo de su casona a la calle. Su soldados que hacían función de guardaespaldas le miraban firmes con el saludo militar en alto, en silencio, pero admirándolo, uno de ellos abrió la puerta trasera del CryslerAirflow de color n***o, modelo 1934, recientemente traído exclusivamente para el general hace un par de meses atrás desde Estados Unidos. Abordo el automóvil y partieron rumbo al Congreso que iniciaría en un par de horas.      Allí, en la inmensidad de toda una manzana, se alzaba el imponente Palacio Federal Legislativo, sede del Congreso Nacional. Dónde grandes personajes de la historia del país habían erigido su voz ante las injusticias que se cometieron en el pasado y que, seguramente, se siguen cometiendo en los tiempos en que es escrita está historia.       El Palacio Federal Legislativo conformaba una de las arquitecturas más importantes de la nación venezolana, debido a que conformaba no solo el lugar de debates, la construcción de leyes y el acuerdo entre bandos encontrados, sino que resguardaba en su interior los tesoros nacionales más importantes. Dicho Palacio está dividido en dos partes, una al sur y otra al norte, y otros dos lados que conforman los laterales. La primera alberga el Hemiciclo de sesiones donde se llevan a cabo las sesiones del Congreso y donde se ubica el Senado, ambas cámaras legislativas separadas. La segunda, adornada su fachada por las figuras de la justicia y la libertad, concentra el Salón Elíptico donde se resguardan en una cantidad innumerable de tesoros y obras de arte de gran valor, resguardadas en un arca especial; el Salón del Tríptico, el cual alberga el despacho presidencial alternativo y por último, el Salón de los Símbolos, el cual aloja diferentes escudos y símbolos nacionales. Los edificios laterales, tenían la función de complemento, en el edificio este se encontraban oficinas, despacho de congresistas y senadores y la Biblioteca Federal Legislativa; el edificio oeste, no tenia gran atractivo, contenía los despachos de la secretaria y vicepresidencia del congreso y el senado, respectivamente, finalmente, el Patio Central donde se encuentra la fuente escultural y un amplio jardín.      Todas estas descripciones, detalles, pasajes y demás cosas que albergaba el Palacio Federal Legislativo, las conocía casi al detalle el general López Contreras, había paseado innumerables veces por cada uno de sus espacios. Para el concentraba un lugar sagrado, era tanto su amor por aquel enorme Palacio que desde allí gobernó todo el mandato como presidente provisional, junto a los partidos, durante los años de 1928 y 1933.      La emoción de este día se reflejaba en su cuerpo a pesar de que nadie podía ver como se aceleraba su corazón, si mostraba una sonrisa llena de regocijo y felicidad durante todo el camino hacia el Palacio, admiraba entonces la figura difusa de Simón Bolívar en la plaza que lleva su nombre, la Casa Amarilla en el fondo y demás joyas arquitectónicas que desde su automóvil podía observar, era una vista maravillosa para cualquier patriota.      Finalmente, un parquero, les indica donde estacionar el automóvil frente al edificio lateral Este del Palacio Federal Legislativo, al bajar del automóvil, López Contreras observaba maravillado aquella enorme estructura hasta dirigirse junto a su edecán, quien conducía su automóvil, a un acceso ubicado en la entrada sur que daba directamente hasta el patio central del palacio. Allí se encontraban todos los senadores, congresistas y miembros del gabinete ministerial del presidente reunidos, además de algunos periodistas quienes sacaban fotografías oportunas o conversaban entre ellos.      Algunos periodistas se acercaron al general para tomarle fotografías y hacer algunas ligeras preguntas sobre la situación actual del país, un periodista del periódico El Universal de aspecto prolijo se acerco con una hoja de anotaciones para hacer algunas preguntas que encontraba oportunas, pero antes de siquiera hacer la primera, López Contreras tomo la iniciativa de detenerse y decir unas palabras breves.       -Buenos días caballeros. Creo que es muy poco oportuno hacer sus preguntas ahora. Esperen a mi discurso dentro de un par de horas en el hemiciclo y podrán obtener su satisfacción, Muchas gracias      Así, elegantemente, se alejaba de multitud de aquellos periodistas que buscaban en sus palabras siquiera una primicia, algo más que pudieran añadir a la edición de mañana y que pudiera darles el privilegio de ascender en sus respectivos periódicos. Eleazar tenía algo entre manos.      Mientras esperaban todos la llegada del presidente Betancourt para ingresar en el hemiciclo de sesiones, un hombre alto de tez blanca, cabello n***o lacio que parecía hacer juego con su traje n***o y corbata roja, se acerco lenta pero decididamente al general López Contreras, carraspeo un poco para hacerse notar ante el descuido y desinterés del general.      -General Eleazar López Contreras –extendiendo su mano en forma de saludo– mucho tiempo sin verlo cerca de la capital, estaba usted bastante perdido. Considero que una pieza tan valiosa como usted debería estar más cerca del presidente.      El general voltea ligeramente, preso de un desprecio significativo, como si de un asco proveniente del alma se tratase, responde.      -Senador Fuenmayor. No sabía que aun fuera digno de una investidura tan grande. Créame que ha sido agradable no verle en un largo tiempo.       -¡Ja! –carcajada déspota– Sinceramente, usted no cambia. ¿No le basto hacer el ridículo como Jefe del Estado Mayor? Usted es solamente un bufón.        -Entiendo que es usted un intelectual del fracaso, pero en mi caso se equivoca rotundamente. Mi partido no tiene solo tres escaños, dos en el congreso y uno en el senado. Tranquilo, no se me olvida que usted es un delincuente y cuando tenga de nuevo la oportunidad de atraparlo no habrá abogado que lo defienda.       -Seguro. Ya veremos que gallo canta más alto. –Pavonea mientras se aleja–      La conversación fue lo suficientemente irritante para López Contreras que despertó en su interior recuerdos muy poco agradables por donde habían pasado muchas cosas de las cuales no se sentía orgulloso, ciertamente no estaban fuera de la ley, pero no se cumplieron como debieron desde su perspectiva.       Mientras aún sentía la mirada a lo lejos del General, como si de un águila desde las alturas acechara a su presa, Fuenmayor observaba a su alrededor para estar seguro de que las articulaciones de su plan se estaban llevando a cabo perfectamente. Desde lo lejos, mientras fingía una conversación con el diputado de AD Gonzalo Barrios, se dio cuenta de los movimientos de Faria entre aquella multitud, vestido como un guardia cualquiera esperando la señal de su compañero, trataba de despistar a los presentes sobre cualquier movimiento que pudiera resultar sospechoso.      Finalmente el presidente Betancourt había aparecido, provenía del despacho con su esposa doña Carmen Valverde quien le sostenía decididamente el brazo derecho y saludaba de una forma muy cálida a sus allegados y amigos del presidente. Luego de saludar a algunos oficiales, congresistas y diputados por parte del presidente, finalmente dos oficiales vestidos con uniforme de gala hacían la apertura desde el centro del Palacio Legislativo a edificio norte, guiando a todos hasta el ala este dándoles paso a través de las puertas al hemiciclo de sesiones de la cámara de diputados, pasando ordenados cada uno de los legisladores a su puesto correspondiente, asimismo los invitados.      El hemiciclo de sesiones del Congreso de la Unión tenía dos hemiciclos gemelos, uno para las sesiones del senado y otro para la cámara de diputados, los cuales solo podían diferenciarse por el mobiliario que utilizaban, estaban adornados de una gran estructura de concreto armado en forma de concha acústica que sirve para concentrar el sonido. Sobre dicha concha está instalado un mobiliario de madera de diversos niveles que sirve de podio tribuna para los oradores, el nivel superior aguarda las sillas correspondientes para la presidencia y vicepresidencia, secretaria y a los lados los taquígrafos para los diputados y senadores. Al fondo podían apreciarse dos balcones, uno arriba del otro, para los distintos invitados y publico, los cuales fueron llevados hasta sus asientos.      El presidente Rómulo Betancourt tomo su silla correspondiente, posteriormente su vicepresidente toma asiento a su mano derecha de forma lenta, siendo Lisandro Alvarado un anciano de 78 años de edad no le quedaba el cargo muy distendido, conservaba de sus tiempos de cónsul de la República un ávido conocimiento de política. Asimismo cada diputado, senador y demás miembros del gabinete ministerial tomaron sus asientos respectivos.      Los inmensos y ornamentales vitrales cenitales del cielo raso de hierro llenaban de iluminación natural aquel inmenso espacio, la luz del sol de la mañana hacia más visibles los ornamentos introducidos como elementos decorativos en el arco protector de la concha que permitía llegar a cada espectador las palabras pronunciadas por el encargado de dar la agenda a todos los invitado, se anunciaba que estaban allí presentes para presenciar la memoria y cuenta del presidente, además de tratar un tema extraordinario sobre la situación actual del país, la cual ameritaba con rigor tal reunión. Para los presentes, poco interesados en la memoria y cuenta del presidente, el tiempo sobraría para poder abarcar los diferentes tópicos que el país ameritaba, así que para ellos el primer acto sería algo mas protocolar y exactamente así fue.       El presidente Betancourt tomo la tribuna para dirigirse a la nación, todos se encontraban al borde de sus sillas para escuchar las palabras del presidente, el General López Contreras aprovecho este momento para amoldarse, desde la primera fila, en la silla incomoda en la que se encontraba sentado, listo para tomar cada fragmento en su mente y pasarlo por el complejo proceso de compresión y asimilación que el cerebro humano ejecutaba en cuestión de segundos. Rómulo, desde la tribuna, miraba a todo el hemiciclo, ostentaba su atención y no la desperdiciaría, pensando casi premonitoriamente en días pasados, no llevaba ninguna muletilla o discurso escrito con él, solo aclaro su garganta, ligeramente sonrió y comenzaron a salir palabra tras palabra de su boca.       -Damas y caballeros presentes, compañeros que estuvieron conmigo desde la conspiración contra la dictadura gomecista, hoy quiero que me escuchen atentamente, porque mis palabras no tienen cabida en mi pecho ni en mi alma. No hay proceso conspirativo que pueda derrumbar a la democracia, hoy algunos me acusan de ser yo quien estoy destruyendo con los pies, lo que con nuestras manos construimos, la demagogia de algunos partidos sobresale…La nación debe decidir quiénes somos los verdaderos patriotas y quienes estamos usurpando el lugar que le corresponde a otros…Hoy entrego mi memoria y cuenta. Para quienes dicen que soy un corrupto y que en mi gabinete hay escándalos parlamentarios, pues déjenme decirle que yo meto las manos en el fuego por mi partido, por mis diputados y por mi gobierno. ¡Que se me quemen las manos si yo he agarrado un solo centavo del tesoro nacional! Muchas gracias, creo que un político verdadero tiene pocas palabras para resumir los hechos verdaderos.      Aquel agitado discurso partidista de Betancourt hizo alzar a los miembros de Acción Democrática y explotar en aplausos una gran parte de la sala, aunque su discurso fue realmente breve fue lo suficientemente fuerte como para evadir las críticas a través de la demagogia que empezaba a universalizarse en la nación. Algunos diputados indignados por aquellas palabras, entre ellos el General Isaías Medina Angarita quien pasó a escondidas de la mayoría, solo guardaron silencio en sus asientos para no ser más cómplices de la destrucción partidista que comenzaba a fraguarse. Había quedado muy en clara la posición del presidente, estaba alzando a su partido sobre cualquier prueba presentada ante la Corte Suprema de Justicia, el mismo Congreso o siquiera ante los medios nacionales, los intereses y miembros del partido se alzaron en su discurso por encima de la nación.         Gran parte de los discursos estaban llenos de esas falacias que estremecen las más profundas emociones de los individuos, aunque se tratara de ocultar, cada uno de los presentes estaban impregnados con las características sociales de sus predecesores que ejercieron el poder. Crespo, Guzmán Blanco, Castro y demás contemporáneos dejaron el legado de la sinvergüencería en cada una de las elites que conformaron sus gobiernos, parecía hasta una maldición que perseguía a muchos de los políticos en aquel país.      Los discursos que sucedieron al de Betancourt tampoco estaban muy alejados de su línea, pareciera que cada uno había copiado gran parte del mismo discurso, siendo esto cierto o parte de la misma línea política de adoctrinamiento del partido AD, se presentaba en cada uno de sus partidarios o afines que se presentaron ante la tribuna. Sin embargo las excepciones existían en aquel partido, el mismo vicepresidente Alvarado se destaco por el discurso político a favor de la progresiva privatización de los hidrocarburos en manos de los norteamericanos para una apertura del negocio con otros países vecinos del mundo, este discurso fue el menos aplaudido por sus partidarios, pues las nuevas políticas estaban destinadas a una mayor planificación económica y a una posible expropiación de los recursos nacionales.      López Contreras comprendió entonces que en Alvarado podría obtener un aliado cercano al gobierno que contribuyera con la causa de expansión de nuevos ideales de la nación. Aunque nuestro personaje se convirtió en uno de los conspiradores en contra del gomecismo actualmente actuaba como un gomecista, analizando cada aspecto de la política y asimilando que podría servirle para sus próximas coyunturas políticas. Mientras su análisis era expansivo, antes de poder pararse en el estrado el General Medina dirigiría unas palabras para hacer las observaciones de los avances técnicos y militares que se habían hecho en el ejército. Finalmente uno de los pies del maduro López Contreras se dirigían a la tribuna de la cual había sido orador en innumerables ocasiones para el país, en tiempos de crisis, sosiego, paz y conflictos. Su voz, un poco ronca como era ya a su edad, exclamo desde su discurso escrito en una hoja de papel una parte muy importante que ningún político contemporáneo se atrevió a decir por parte del gobierno:      -Hoy, quiero hablar a la nación no como Jefe del Estado Mayor de la República de los Estados Unidos de Venezuela, que dé unidos no tienen un carajo sino a favor de la conveniencia que sustituyo el caudillismo republicano que azoto a nuestro país, hoy hablo como ciudadano de esta nación dejando mi banda de senador a un lado. Como todos me conocen a través de la calma y la cordura he distendido mis discursos a todos los presentes sin importan si hiero a amigos, acaudalados empresarios, mantuanos o zambos. Por eso mismo estoy dispuesto a dar la vida por la república como incontables veces la he dado desde diferentes bandos. Hoy la Venezuela que conocemos está sumida en el caos de unos pocos partidarios de la destrucción de nuestros ciudadanos en busca de las más asqueadas ocurrencias de la Francia, hoy ocupada por los falsos Jacobinos que se exaltan con sus banderas del socialismo internacional, y demás ayudantes. Si quiero resaltar este anuncio es por que hoy afrontamos a enemigos externos, pero también a los internos, incluso a nuestro mismo gobierno que se alza en corrupción. ¿Quieren saber el verdadero avance de las fuerzas armadas? Pues están consolidadas en el libro que ya entregue semanas antes al Congreso. Lo que aquí debemos atender son los problemas del país más que presentar unas hojas que leen muy pocos. Venezuela necesita otras formas de afrontar su problemática.      Bajándose bravío del estrado se escuchaban los aplausos de los diputados y senadores del partido URD, fue la exclamada que dejo en evidencia como personas que están dentro del gobierno también tienen la oportunidad de dar sus criticas, era sin duda una desestabilización política del estatus quo que habían fomentado los adecos (diminutivo utilizado por los ciudadanos a los partidarios de AD), otros presentes a pesar de estar a favor del General, prefirieron quedarse en silencio y observar aquella escena que anunciaba una nueva futura Venezuela. Por el contrario los otros enemigos políticos estaban diciendo improperios para hacer callar la aptitud festiva de sus demás colega.      Entre la revuelta algunos oficiales tuvieron que frenar la ola de discusiones y agresiones que empezaban a proyectarse en algunos de los diputados, mientras los periodistas se deleitaban con aquellas escenas despampanantes que proveían una buena primera pagina que vendería mas diarios que cualquier palabra que pudiera haber dicho el presidente Betancourt. Mientras se buscaba la calma dentro del Hemiciclo, fuera del Palacio Federal ya los agentes del ARDI coordinados por Jesús Faría se preparaban para la desavenencias que se presentaron en el hemiciclo, uno de los infiltrados había pasado la voz de lo que ocurría dentro, esto les permitió colocar la dinamita en el vehículo del senador Fuenmayor estacionado en la fachada norte del Palacio. Para poder detonarla desde forma remota colocaron la mecha lo más larga posible ocultada por debajo de dos vehículos detrás. Los tiradores quedaban atentos en las esquinas para arremeter en contra de los oficiales que protegerían al presidente y a sus ministros.      Unos pocos minutos después, la memoria y cuenta había terminado con el discurso del General López Contreras y el evidente levantamiento de algunos diputados en contra de otros, esto genero que algunos fueran evacuados por el sector del jardín ubicado en el centro del Palacio, mientras el gabinete presidencial saldrían por la parte norte para hacer frente a los diversos periodistas que ya estaban en la parte de afuera para tomar algunas fotos del encuentro. El presidente Betancourt se hallaba molesto con el General debido a las palabras con las que se dirigió, sin embargo la máscara de la democracia debía mantenerse a través de la falsa unión y la apertura de críticas que se había presentado aquel día. Sin embargo, ya en la puerta de la salida norte, estando cerca de los vehículos se dirigió al famoso López Contreras que se dirigía a hablar con Medina.      -Mire General López, lo quiero mañana bien temprano en Miraflores. Vamos a hablar muy seriamente de lo que paso aquí hoy.        Betancourt no alcanzo a observar la expresión sobre sus palabras en el rostro del General, cuando escucho un fuerte estruendo en su oído izquierdo proseguido del calor de las llamas que le alcanzaron a las que solamente le permitieron protegerse el rostro con sus manos y brazos. La expansión de la explosión del vehículo del senador Fuenmayor había largado al presidente contra la pared del Palacio Federal, el General López Contreras solo pudo salvarse de las llamas por la ligera distancia que le separaba del presidente, sin embargo la ola expansiva le había elevado hasta los pies del Isaías Medina Angarita, ambos fueron protegidos por oficiales fieles al gobierno, mientras otros protegían al presidente con pistolas en sus manos, actitud altiva y paranoica.      Los sonidos rasantes de las balas no se hicieron esperar por parte de los insurgentes quienes desde las esquinas buscaban atinar a los oficiales protectores y fomentar la eventualidad de huida de los compatriotas infiltrados como oficiales. La pericia de Medina le hizo darse cuenta inmediatamente de que huían dos hombres disfrazados de oficiales que dejaban a su paso partes de su uniforme, quitándole uno de sus edecanes su revólver se fue detrás de los presuntos responsables. Faría en su huida se dio cuenta de que el General Medina les hacia seguimiento y que detrás de él se aproximaban otros oficiales para respaldarle, fue cuando comenzó a disparar a Medina quien en defensa propia logra propinarle uno de sus disparos en la pierna derecha, sin embargo un vehículo descapotable logra interceptar a Faría para salvarle de su segura muerte, pero su joven compañero implicado no corrió la misma suerte, debido que en la huida un par de oficiales lograban capturarle y no tuvo más opción que rendirse y arrojar su arma al suelo.        Mientras, en la fachada norte del palacio los oficiales protectores lograron en su acción defensiva proteger a los ministros dentro del edificio, en su acción diez oficiales perecieron mientras solo dos insurgentes resultaron fallecidos debido a su rápida huida y el arrebato de algunos periodistas corriendo en diferentes direcciones que tornaron la defensiva confusa y cautelosa para no herir o asesinar a inocentes, esto facilito la huida de los implicados quienes corrieron a pie calle abajo donde los recibirían vehículos que los llevarían a diferentes localizaciones secretas. Entre la confusión de la explosión, aun en el suelo, López Contreras aturdido y mareado puede lograr observar como el presidente Betancourt es llevado por algunos de los oficiales al interior del Palacio, distendiendo su mano para intentar alcanzarle inevitablemente se desmaya, debido al estrepitoso golpe que recibió contra los escalones por la explosión que le elevo algunos pocos metros.       La ambulancia, médicos, bomberos y los refuerzos llegarían varios minutos después de los acontecimientos que conmocionaron al gabinete ministerial, se acordonó un perímetro por parte de la policía para que con ayuda de las fuerzas militares se protegieran las adyacencias para prevenir cualquier atentado próximo a los diputados y senadores que serían evacuados progresivamente a sus respectivos hogares escoltados por varias patrullas de la policía caraqueña.   
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