Tenerla en sus brazos se sintió tan bien. Esos hermosos ojos azules claros mirándolo se abrieron de par en par por la sorpresa de estar en esta situación. —Lo siento. —Murmuró ella entre dientes mientras él la seguía abrazando. Fuerte. —¡Otro giro! ¡Ahora! —Comandó mentalmente a su conductor, y el auto volvió a temblar. Gideon aprovechó este momento para colocarla adecuadamente en su regazo. Aunque fuera por solo unos momentos, valió la pena. —¡Oh, diosa!. —Exclamó ella, sus mejillas tiñéndose delicadamente de rosa, y él no quería nada más que rozar una de ellas con la palma de su mano para sentir cuán suave era su piel. Su dulce fragancia lo envolvía, haciendo que su cabeza diera vueltas. Aún así, estaba lo suficientemente sobrio como para controlar la situación. —No te preocupes. —S

