Ya llevaba unos diez minutos tratando de que mi coordinadora contestará su celular, empezaba a desesperarme, mi poca paciencia a este tipo de circunstancias hacía que pronto me molestara. En mi último intento, antes de decidir bajarme y tocar a su puerta, ella contestó. — Estoy afuera – dije sin saludarla. — ¿Podría esperar un momento? No estoy arreglada. – le escuché la voz apagada y soñolienta, seguramente estaba durmiendo. Apreté mi celular con fuerza. — Cinco minutos – colgué. Reconocía que mi manera de ser no era la más amable, ni la más ideal, mucho menos cuando estábamos a horas de firmar un contrato el cual me era conveniente, y sobre todo ahora que al plan se agregaba conocer a mi familia. Así que traté de mantenerme tranquilo para cuando ella llegara. Cinco

