No sé cómo, pero en algún punto de la madrugada me quedé inesperadamente dormida, no me siento muy descansada, pero si algo aliviada, por lo menos mejor de lo que creí que iba a estar. Rutina y más rutina, movimientos mecánicos, tareas cumplidas al pie de la letra como toda una buena esposa y madre que soy. Casi me lo creo, la maldita camisa que mi querido esposo quiso usar hoy no estaba planchada y tuve que remediar ese asunto, siempre he odiado planchar y la verdad es que lo hago muy mal, pero como el señor mandamás no tenía nada con que molestar prefirió usar una camisa mal planchada a usar una de las diez mil que tiene en su closet lavadas y planchadas en la lavandería. Pero la prueba fue superada y salí ilesa de la trampa, dejé a mi pequeño sol en su escuela y por fin llegue a mi past

