Dante Sigo a Clarisse y a mi suegro, y aunque lo niegue me dan un poco de nervios conocer a su nana, dado que sé que tan importante es para ella. Subimos al auto junto con don Orlando que se la pasa hablando con su hija sobre el regaño que le espera por no visitar tan seguido a su nana. De un momento a otro dejo de prestar atención a su plática y solo vuelvo en mí cuando llegamos a una lujosa casa, bajamos del auto y tomo la mano de Clarisse, mientras esperamos a que alguien nos abra la puerta. Después de algunos segundos la puerta se abre y por ella aparece una mujer mayor de cabellera completamente blanca y ojos azules. —Mi niña, hasta que vienes a visitarme —la reprende, sin dejar de abrazarla—, aún sigo molesta de que no me hayas avisado cuando estuviste aquí que estabas embarazad

