—¿Para qué querías verme? —lo cuestiono, observándolo con el ceño fruncido. —No pensé que estarías embarazada de nuevo —comenta perplejo al ver mi pequeño, pero evidente vientre, en cuanto toma asiento frente a mí. —Date prisa, no tengo tiempo de hablar contigo. —Hay cosas que nunca cambian Clarisse. En todos nuestros años de noviazgo nunca tuviste tiempo para mí. —Cómo si eso hubiese hecho gran diferencia. —Tienes razón, no hubiese sido nada diferente a lo que sucedió entre nosotros. —Ya me vas a decir, por qué pediste verme, ¿o quieres que adivine? Santiago me observa con socarronería y después de recargarse en su asiento como si estuviese en un palacio y no en la cárcel, lanza un suspiro y suelta una pequeña carcajada. —Dime Clarisse, ¿qué se siente saber que solo me acostaba c

