─Lo tenemos que hacer…quiero que, puedas superar tu miedo ─murmuro, apenada. La bestia ladea una sonrisa que podría hacer suspirar a una monja. Él asiente, sin más, sin necesitar alguna respuesta de su parte o agradecimiento. ─¿Quieres terminar de comer? Lamento arruinar tu cena ─menciona, luego de asentir. Esbozo una sonrisa, en una aprobativa. ─Solo, porque tengo hambre ─declaro, haciendo ademán de volver a la mesa, él me hace un gesto con su mano, para darme paso. Me siento, justo al frente de él, con la comida enfriándose en los platos. Embebo un sorbo del vino, con los luceros del magnate en mí. ─La cicatriz… ─Es una “S” y me la hizo mi ex…pareja, en un intento de…domarme ─interrumpo, acabando de una vez por todas con la incógnita de la cicatriz. Trago con dificultad, sintie

