Dos días luego de la muerte de su prima, los tíos de Álvaro estaban detrás de él. Lo acusaban de la desaparición de sus tres hijos y, para empeorarlo todo, habían hecho una denuncia pública, haciendo que el ojo de la prensa se posara sobre su vida. Álvaro, en cambio, se mostraba tranquilo, como siempre lo había hecho. Indiferente a la situación y la respuesta a los medios era la misma. - El que no la debe, no la teme ¿Cierto? —Decía con desdén. Ignoraba a la prensa por completo. Siempre tenía a alguien al acecho vigilando sus pasos, pero le daba igual porque sabía que nunca podrían incriminarlo. Nunca lo hicieron y no lo harían ahora. Llegó a la oficina y Yulitza lo miró preocupada. Él le regresó la mirada y le guiñó un ojo para hacerle saber que estaría bien. Entró a la of

