Caminando sin rumbo llegue a una calle privada donde al final estaba una casa con muchos autos afuera, la música la estaba escuchando desde hace cuadras y por alguna razón me hiso ir en esa dirección. — ¡Alena! —Me grito una voz muy conocida, esa voz que me hacía sufrir en la escuela. —Que gusto que hayas venido. —Dijo tomándome de la mano y arrastrándome a la casa. —No Aidan ¡Espera! —Lo detuve quitando mi mano de la suya, no estaba de ánimos para una fiesta. — ¿Que sucede? —Dijo acercándose a mí rápidamente. —Yo no fui invitada, de hecho no se ni como llegue aquí. —Dije bajando la cara. —Espera ¿Estabas llorando? —Pregunto levantando mi cara y Verne a los ojos, desvié un poco mi mirada, no quería que me viera así. —No importa mucho eso. —Entendió que no quiero hablar. —Entonces

