Gabriel —¿Y si hacemos lo que siempre dice Facu y desordenamos tu escritorio? Manu puso una expresión de sorpresa, ni siquiera yo creía que había dicho eso. Me mordí el labio nervioso. Sabía que estaba mal lo que le pedía, pero, después de la primera vez, quería tenerlo así de cerca de nuevo; todo el tiempo. Quería besarlo cada segundo del día. Crucé mis brazos alrededor de su cuello y me acerqué a su cara, pero no me dejó besarlo. —Queda poco para la misa de la noche, van a venir a buscarme si me demoro y eso va a ser peor. —Entonces, ¿querés que esperemos hasta después de la misa? —su cara se puso roja haciéndome sonreír—. Di en el clavo, parece. —Hacés que quiera hacer cada locura... —Me alegra que quieras hacerlo conmigo. —¿Con quién más podría hacerlo? No pude evitar volver a

