Manuel Después de mi primera misa y de las doscientas fotos que tuve que sacarme con cada familia, despedí a todos y fui al cuarto de siempre para dejar el alba y la estola en su lugar. Todo había salido perfectamente bien, mis nervios se disiparon cuando vi a los chiquitos con sus padres. Dejé todo en sus respectivos lugares, fui hasta mi cuarto a buscar mi celular y salí de nuevo, María barría el pasillo que había entre las filas de asientos, mientras Belén se ocupaba del altar. Les agradecí su trabajo y salí de la parroquia. Basilio se iba a encargar del resto y yo podía tomarme la tarde libre, decidí que lo mejor era pasear por el barrio, intentar llegar un poco más lejos de la estación de trenes. Eché a caminar, por la misma calle que la vez anterior, pero esta vez sin prestar demasi

