Gabriel Miré a Facu después de contarle lo que había pasado la noche anterior, él me sonreía burlón como siempre. Me acomodé en la cama esperando que soltara alguno de sus comentarios de siempre, pero, para mi sorpresa, no hizo más que abrazarme con fuerza, dejando mi cabeza en su pecho, como si se hubiera convertido en un hermano mayor de repente. —¿Cómo te sentís ahora? —preguntó después de un rato. —Como si caminara sobre nubes. Me siento un estúpido, pero estoy feliz. —Me alegra escuchar eso, Gabo. ¿Y cómo es el Padre en la cama? ¿Estaba orientado? —Lo suficiente para hacerme olvidarme hasta de mi propia existencia. —Mirá vos el cura, parece que estaba bastante orientado en lo que quería hacerte. Lo miré, él sonrió de nuevo, parecía más contento que yo. —Parecés alegre —dije ac

