CHARLES
Me encogí de hombros y pregunté:
—¿Qué tiene de aterrador?
Nailea me miró fijamente antes de tomar un trago de su vino blanco.
—Mmm, bueno... —se aclaró la garganta—. Es seguro cuando conoces a alguien y puedes predecir lo que hará. Así sabes qué esperar y te preparas. A la larga, se vuelve aburrido, pero al menos no tienes sobresaltos. Estar con alguien impredecible, eso sí es de temer.
La observé un segundo antes de que una sonrisa se colara en mi cara.
—Entonces, ¿te gusta estar conmigo aunque te produzca eso?
Nailea asintió despacio, medio dudando.
—No sé nada de ti, salvo que eres un caballero. Y por cómo eres con Inma... por cómo la cuidas, me doy cuenta del tipo de hombre que eres —hizo una pausa, como si juntara valor—. Evité las citas. Relacionarme con alguien se volvió complicado después de un pasado feo. Y cuando adopté a Inma, peor. Los hombres suelen huir cuando oyen “madre soltera”. A mí me funcionó.
De nuevo se quedó callada. Luego sonrió nerviosa.
—Pero aquí estamos. Y no me refiero a que esto sea una cita... No es que estemos saliendo ni nada...
—Estamos en una cita —afirmé con una sonrisa, tratando de no soltar la risa porque, Dios, qué sexy se veía cuando se ponía nerviosa.
—Claro —desvió la mirada rapidamente, como si hubiera metido la pata.
—¿Inma es adoptada?
Frunció el ceño y parpadeó.
¿Se lo había dicho ya?
—Lo mencionaste antes —aclaré.
—Mmm, sí... —respondió, más para sí misma que para mí.
—¿Hace cuánto?
—Hace unos meses.
No quería hablar del tema. Lo noté en su postura, en la forma en que evitó mi mirada.
—Mira, la verdad, nunca me han gustado los niños. O eso pensaba —admití—. Pero Inma... ella es distinta. No es como los demás. Es una niña encantadora que te saca una sonrisa cuando mas lo necesitas. Esa es la verdad de las cosas.
Nailea la miró jugar con su juguete, sonriendo.
—Lo es. Es mi única familia. No quiero perderla nunca. Rezo todos los días para que Dios me la permita siempre.
La vi mirar al cielo, perdida en sus pensamientos. Algo en mi pecho se movió, pero no supe qué era.
—Sé que es egoísta, pero no podría dejarla ir. Jamás. Cada vez que pienso en sus padres, en que la abandonaron, me pregunto cómo carajos pudieron hacerlo. Pero es su pérdida. La amo. Es mía ahora. No voy a dejar que nadie intente arrebatarme este amor que tengo por ella. Es mi mundo, es mi todo.
No dije nada. Solo dejé que sus palabras flotaran en el aire.
*
Mi cabeza era un desastre. No sabía qué pensar ni cómo moverme. La cena con Nailea me dejó más preguntas que respuestas, y la sensación extraña que me recorría cada vez que ella estaba cerca tampoco ayudaba.
No lo dudé. Marqué de inmediato a Nicolas, quien todavía venía en camino.
—¿Señor? —respondió apenas descolgó.
—No me diste toda la información sobre la tutora de mi hija —solté sin rodeos.
—Iba a contártelo todo, pero tú...
—Quiero ese expediente mañana. Y que esté completo. Consígueme todo lo que puedas sobre ella.
—¿Quieres empezar a reunir información para un caso?
—No.
La verdad, ni yo sabía qué hacer con todo esto. Solo quería asegurarme de que la próxima vez no me tomaran por sorpresa.
—Porque, hasta donde sé, no ha pasado ni un segundo en la cárcel.
Por supuesto que lo sabía.
—¡Solo hazlo! —le solté antes de cortar la llamada.
*
Al día siguiente, Nicolas llegó con el archivo. Lo leí en minutos. No porque estuviera apurado, sino porque el contenido era mínimo.
Hija única. Graduada con honores. Su ex la engañó con su compañera de cuarto. Sus papás la visitaban siempre en vacaciones. Murieron en un accidente de regreso a casa después de verla. Desde entonces, su vida social, que ya de por sí no era muy activa, se volvió inexistente. Un año después de perder a sus padres, comenzó la búsqueda de adopción. Finalmente, obtuvo la custodia total de una huérfana.
Apreté la mandíbula.
Inma nunca sería huérfana. Me tenía a mí. De una forma u otra.
Me pregunté cómo carajos había manejado perder a sus papás de esa manera.
El sonido de mi teléfono me sacó de mis pensamientos.
—¿Mamá? —respondí al ver el identificador.
—Te olvidas de que tienes madre, ¿verdad?
Sonreí.
—¿Cómo podría olvidarte?
—Charles, estamos preocupados por ti. Cada vez te desapareces mas y sin dejar rastros.
Ahí estaba esa tristeza en su voz otra vez.
—¿No lo estás siempre, madre?
—Eso es verdad —suspiró—. Este sábado hay un baile benéfico. Quiero que vayas. Pensé que es el momento oportuno para ya sabes que…
—Mamá...
—No es una petición, Charles —interrumpió—. Y he invitado a Lauren Morgan. ¿Qué mas quieres? Todos pondrán los ojos en ustedes.
Rodé los ojos.
—Mamá, si quieres que vaya, tienes que dejarme llevar a alguien.
—Sé que no tienes a nadie, así que la invité a ella.
—Pues ahora sí tengo. Así que te vas a tener que esperar.
Silencio.
—¿En serio? —parecía genuinamente sorprendida.
—Sí. Pero no invites a Lauren.
—Está bien. Tu padre quiere hablar contigo sobre la empresa que acabas de adquirir.
Fruncí el ceño.
—¿Cómo lo sabe? La prensa ni siquiera lo ha confirmado, solo hay rumores.
—Tu padre... —dijo con ese tono que usaba cuando no quería responder.
Mi madre había estado tratando de emparejarme con mujeres "adecuadas" desde que Hayley murió. Lauren Morgan era su intento más reciente.
—¿Charles? ¿Sigues ahí?
—Sí. Nos vemos el sábado, mamá.
—Está bien, cariño. Saluda a tu amiga.
Sonreí.
—Te amo, mamá.
—Yo también, mi amor —dijo antes de colgar.
*
NAILEA
Como cada sábado, llevé a Inma al parque. Pero hoy, mientras la vestía, no dejó de repetir la palabra "papá".
Sentí una punzada en el corazón al escucharla.