La clase había sido tensa, silenciosa e incómoda. Las palabras de Guilles resonaban en mi mente, y la atmósfera entre los estudiantes se sentía cargada de tensión y chismorreteos. Cuando finalmente terminaron las horas, sentí un alivio momentáneo, pero no duró mucho. Al salir del aula, vi a Antonio esperándome en el pasillo, su expresión seria y firme. —Tamara, necesitamos hablar de algo importante. Antes de que pudiera responder, la puerta del salón se abrió y salió Guilles, mirándome con una intensidad que me hizo sentir un escalofrío. —Tamara, ¿has olvidado que debías pasar por mi escritorio? Tenemos un tema importante que tocar —dijo, su voz era autoritaria, pero había un matiz de preocupación en su mirada. Me sentí atrapada entre los dos. Antonio me miraba con expectativa, mientra

