-Guilles Xavier Lamari- Como si la mismísima luna se pusiese de acuerdo con mis alocados sentimientos, logró darnos la iluminación ideal, sin abusar por querer opacar la luz que desprendía ella, entre las palmas de mis manos. Me desarmaba su tierna mirada llena de impacto y al mismo tiempo llena de dulzura. Me detuve a observarla un breve momento, un momento cálido a pesar del clima frío; ¡y vaya que todo me gustaba!, los vellitos de su frente, sus cejas pobladas, sus hermosas pestañas que decoraban aquellos ojos semejantes a dos estrellas. No podía seguir en ese Big Bang de confusión, en ese conjunto de cortisoles punzantes de miedo, de no querer aceptar lo obvio, sintiéndome entre la espada y la pared, entre lo debido o lo indebido... —Profesor, profe... —¿Ah, si señorita? Me disc

