Habíamos pasado más de media hora bailando bajo la lluvia usando música movida y música lenta y ahora estábamos empapados y no podíamos dejar de reír —ven, vamos a casa, te prestaré ropa, tu mamá se muere si te ve así jajaja— empezamos a caminar y Javier me toma del brazo y me detiene —espera— nos ponemos frente a frente y no dejamos de mirarnos, mi corazón está palpitando rápidamente, casi saliéndose de mi pecho, y de pronto me abraza, ese abrazo se sentía extraño, como si fuera algo que necesitara, pasaron unos minutos más y el no me soltaba —¿Javier? no respiro— el me suelta rápidamente disculpándose, me toma de la mano y nos vamos caminando rumbo a la casa de Alex. No sabía que hacer, mi corazón no dejaba de latir, no habíamos dicho nada en todo el camino y realmente no era un silencio

