No sé qué hora sean, los hombres me dejaron nuevamente en una gasolinera, aunque creo que no es la misma de antes por que aquí si hay gente, necesito llamar a alguien que venga por mi, me acerco a uno de los hombres que atienden las estaciones y no me ve con muy buena cara —disculpe, ¿me podría prestar un teléfono?— le digo en voz baja —claro, está por aquí— me lleva a un cuarto oscuro, parece una antigua oficina —aquí tienes, no te tardes linda— me da una macabra sonrisa y rápidamente llamo a Alex —¿Hola?— me responde al primer pitido —ALEX, SOY YO, NECESITO QUE VENGAS POR MI, ESTOY ASUSTADA— comienzo a gritarle desesperadamente —¿Val? ¿Dónde estas? ¿sabes que hora es? son casi las 3 de la mañana, dime donde estás para ir por ti ahora mismo— suelto varias lagrimas, le indico la direcció

